Lucky: La suerte como motor de la trama
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Hay series malas que uno abandona a los dos episodios y hay series frustrantes que obligan a seguir viendo porque muestran algunos destellos de que las cosas podrían ser mejores. Es el caso de la primera temporada de la serie de siete episodios Lucky (2026), estrenada recientemente en Apple TV+.
Por César Arturo Humberto Heil
Con un reparto de lujo encabezado por Anya Taylor-Joy, Annette Bening, Timothy Olyphant, William Fichtner y Aunjanue Ellis-Taylor, la serie creada por Jonathan Tropper tenía todos los elementos para convertirse en un thriller sólido y, sin embargo, termina despilfarrándolos gracias a un guion tramposo y lleno de agujeros argumentales.
La historia sigue a Luciana «Lucky» Armstrong (Anya Taylor-Joy), una estafadora profesional que debe huir tanto de la agente del FBI Billie Rand (Aunjanue Ellis-Taylor) como de una organización criminal después de que un robo millonario sale mal.
Esta premisa, si bien no es demasiado original, podría decirse que casi siempre funciona. Desde series como El fugitivo (1963-1967) hasta filmes como Atrápame si puedes (2002), las persecuciones son un buen motor para sostener la trama.
El abuso del deus ex machina
El problema que tiene Lucky es que, en los primeros cinco episodios, la serie cae una y otra vez en la trampa de utilizar el mismo recurso narrativo del deus ex machina para resolver las situaciones problemáticas que se le presentan al personaje de Lucky cuando está a punto de ser atrapada. A lo largo de la extensa persecución, algo ocurre para evitar que caiga en manos del FBI o de la mafia. No importa cuán complicada parezca la situación: el guion encuentra una salida, casi siempre inverosímil, para justificar una historia que solo se sostiene gracias al artilugio de guion mencionado.
No se trata de que Lucky sea especialmente inteligente, sino de la manera en que se presentan esas soluciones. El equipo de guionistas quiere convencernos de que estamos ante una estafadora brillante, capaz de anticipar cada movimiento de sus enemigos. Sin embargo, rara vez vemos el razonamiento que la lleva a sus aciertos. En lugar de demostrar su inteligencia, la serie parece más interesada en volver incompetentes a todos los personajes que la rodean.
Coincidencias improbables y decisiones absurdas
El mejor ejemplo es la cantidad de veces que Lucky escapa gracias a coincidencias improbables o a decisiones absurdas de los demás. Un caso claro ocurre cuando está a punto de ser detenida por el FBI: aparece Priscilla (Annette Bening), mafiosa y madre de Cary (Drew Starkey), quien a su vez es el esposo de Lucky y el responsable de haberse llevado el dinero. Priscilla llega en un vehículo y atropella a la agente que estaba a punto de capturarla.
Otro ejemplo se da cuando encuentra refugio en un rancho. Allí, una mujer que inicialmente la recibe con una escopeta termina creyendo, sin demasiados cuestionamientos, la historia de que es una mujer golpeada que está huyendo de su marido abusador. Como vemos, son situaciones que no generan tensión ni tampoco sorpresa porque están diseñadas exclusivamente para que la protagonista siga avanzando.

Después de varios episodios, uno deja de preguntarse cómo saldrá Lucky de la próxima situación peligrosa porque ya sabe de antemano que algo va a suceder para salvarla. La verdadera incógnita pasa a ser qué nueva conveniencia narrativa aparecerá para rescatarla. El problema es que, a medida que avanza la trama, esas situaciones son cada vez más estúpidas e inverosímiles.
La suerte como explicación de todo
La propia serie parece reconocerlo al llamarse Lucky, que significa literalmente «afortunada» o «suertuda». Esto, que al principio se puede interpretar como un guiño simpático, al final termina funcionando como una explicación involuntaria de la trama. La suerte no es una característica ocasional de Lucky; es el verdadero motor de la historia. Y cuando la suerte reemplaza constantemente a la lógica, la credibilidad comienza a derrumbarse.
Incluso algunos de los momentos clave de la trama, como el descubrimiento de la clave semilla para acceder a la cuenta donde está guardado el dinero, vinculada al osito de peluche, transmiten esa sensación de artificio. En lugar de generar admiración por la capacidad deductiva de la protagonista, producen la impresión de que el guion simplemente necesitaba que encontrara la respuesta.
Cuando la serie finalmente encuentra su rumbo
Sin embargo, Lucky no es un desastre absoluto. De hecho, sus mayores virtudes son precisamente las que vuelven aún más frustrantes sus defectos. La serie empieza a levantar a partir del episodio cinco, cuando la historia deja de centrarse exclusivamente en las persecuciones y comienza a explorar la relación con su padre, John Armstrong (Timothy Olyphant), verdadero mentor de Lucky y estafador profesional. Gracias a esta subtrama, la serie profundiza en el pasado de Lucky, revelando aspectos de su infancia y de la compleja relación que mantuvo con su padre. Diría que, desde la segunda mitad del capítulo cinco hasta el siete, se encuentra la mejor versión de la serie.

Y ahí está, quizás, el mayor pecado de Lucky: recién en sus dos últimos episodios encuentra el verdadero corazón de la historia. Cuando deja de preguntarse cómo escapará Lucky de la agente Rand y de Priscilla y empieza a preguntarse si podrá escapar de la influencia de su padre, la serie adquiere una profundidad que estuvo ausente en los primeros cuatro episodios.
Los capítulos finales muestran el potencial de la serie, pero no alcanzan a compensar los primeros cinco episodios, repletos de conveniencias narrativas, personajes increíblemente ingenuos y una protagonista que parece avanzar más gracias a la protección del guion que por mérito propio.
Tres directores, el mismo problema
La dirección merece una mención aparte. Jonathan van Tulleken, Jet Wilkinson y Greg Yaitanes hacen un trabajo competente detrás de cámara y logran que la serie mantenga un ritmo ágil incluso cuando la historia empieza a mostrar sus primeras grietas.
Hay solvencia en la puesta en escena, buenas secuencias de tensión y una realización visual cuidada que aprovecha correctamente los escenarios y el carisma de los actores. Sin embargo, los tres directores terminan chocando contra un problema imposible de disimular: las debilidades del guion. Da la sensación de que hacen todo lo que está a su alcance para sostener el interés del espectador, pero ninguna decisión de dirección puede compensar una historia que recurre de manera constante a soluciones forzadas y conveniencias narrativas.
Un elenco que sostiene la propuesta

En cuanto a los personajes y sus actores, Annette Bening está excelente como Priscilla Masterson. Cada vez que aparece en pantalla aporta presencia, peligro y personalidad. Es un personaje mucho más complejo e interesante de lo que en principio parece y, en varios momentos, termina siendo más atractivo que la propia protagonista.
También destaca Timothy Olyphant. Su carisma y su relación ambigua con su hija aportan una dimensión emocional que la serie necesitaba desesperadamente. Lástima que los guionistas se acordaran un poco tarde.
Anya Taylor-Joy, por su parte, cumple con solvencia. Mi problema nunca fue la actriz, sino el personaje que le tocó interpretar. La protagonista está construida de una forma tan protegida por el guion que resulta difícil empatizar con ella o incluso admirarla. No porque sea una criminal o una antiheroína, sino porque rara vez parece enfrentarse a consecuencias reales.
Conclusión
Lucky es una serie que tenía los elementos para ser mucho mejor de lo que termina siendo. Cuenta con un gran elenco, una premisa atractiva y algunos momentos realmente logrados en su tramo final. Pero pasa demasiado tiempo apoyándose en casualidades, rescates oportunos y soluciones improbables. El resultado es una protagonista a la que nunca terminé creyéndole y una historia que confundió inteligencia con suerte.

Lucky deja la sensación de haber encontrado demasiado tarde aquello que la hacía interesante. Cuando finalmente decide profundizar en los conflictos familiares y emocionales de su protagonista, demuestra que había una mejor serie escondida detrás de las persecuciones y los golpes de suerte. El problema es que, para entonces, el desgaste provocado por sus constantes atajos narrativos ya resulta difícil de ignorar.
Disponible: Apple TV+
