INSIDE OUT #36 | Entrevista a Jenette Goldstein: “En Terminator 2 quería incluir detalles que indicaran que yo era el T-1000”
10 minutos de lectura
Corría 1986 y una actriz se plantó frente a Fox con un currículum en blanco y una promesa de James Cameron: «Ella es la que quiero». Le costó dos semanas convencer al estudio. El resultado fue Vasquez, la marine de Aliens, todo músculo y silencio. Ese debut le valió a Jenette Goldstein un Saturn Award, y a Cameron la certeza de que había encontrado a alguien con quien iba a volver a trabajar.
Goldstein no buscaba ese papel, estaba en Londres cuando respondió a una convocatoria para actores estadounidenses con carnet del sindicato de actores británico, y pensó que se trataba de otra obra de teatro o una película menor. Se encontró leyendo para un personaje latino, sin imaginar que terminaría protagonizando una de las películas de ciencia ficción más influyentes de la historia.
De chica compitió en certámenes de teatro con futuras estrellas como Val Kilmer, Gina Gershon, Kevin Spacey y Mare Winningham, y se formó en la Webber Douglas Academy de Londres y en el Circle in the Square de Nueva York.
Tiempo después, volvió a trabajar con Kathryn Bigelow, interpretando a la vampira Diamondback en Near Dark (1987), un western sobrenatural que fue un fracaso de taquilla pero hoy es película de culto, y que le valió su segunda nominación al Saturn. En el medio hizo de policía en Lethal Weapon 2 (1989) junto a Mel Gibson y compartió cartel con Sean Connery en The Presidio (1988).
Y volvió a Cameron, dos veces más, primero en Terminator 2 en un rol doble: Janelle Voight, la madre adoptiva de John Connor, y al mismo tiempo el T-1000 imitando a esa madre. Y después llegó Titanic, el cierre de una trilogía no planeada con el mismo director, hecha de tres películas que no se parecen en nada entre sí. Entre medio, breves aunque memorables apariciones en Star Trek: Generations (1994) y Fear and Loathing in Las Vegas (1998), además de una carrera paralela en teatro con clásicos de Shakespeare y montajes de Arthur Miller.
Treinta y cinco años después del estreno de Terminator 2, esta semana la película vuelve a las salas de Argentina, y aproveché la ocasión para conversar con ella. En la charla recorremos la construcción actoral del T-1000, el trabajo de imaginar un pasado para personajes que la película apenas esboza, algunos secretos detrás de los efectos prácticos, el peso de quedar encasillada después de un papel icónico, y reflexiona acerca de la inteligencia artificial que la propia película imaginó hace más de tres décadas.
Por Guillermo Martínez
GM: Hay una escena de Terminator 2 que conocemos casi de memoria: la llamada telefónica de John y el T-800 antes de que descubramos que en realidad eras el T-1000. ¿Te acordás cómo rodaron esa escena?
JG: En la escena de la cocina, yo era la idea que tenía el T-1000 de lo que es una madre genérica, lo cual es bastante gracioso porque en realidad ella es una madre terrible. Y esa es la primera pista de que no es Janelle. Pero otra pista que quería dar era hacer pequeños detalles, muy sutiles, lo que en inglés se llaman “tells”, para indicar que yo era el T-1000, simplemente otra iteración de este personaje.
Así que fui al departamento de Robert Patrick y hablamos sobre cuál era su idea de la criatura, de la máquina, de la inteligencia artificial que estaba dentro de todos estos cuerpos con apariencia humana.
Él me contó que tenía la imagen de algo parecido a una mantis religiosa, que no ve exactamente con los ojos, sino con esa especie de ojos que tiene arriba de la cabeza, y como él tiene esas orejas con unas puntas que sobresalen, me dijo: “Es casi como si mis ojos estuvieran muertos, pero veo a través de las puntas de mis orejas”. Entonces me mostró cómo inclinaba ligeramente la cabeza hacia adelante para poder ver, y pensé que era algo muy interesante. Así que utilicé eso como una especie de punto de partida.
Los efectos como derretirse frente a tus ojos y convertirse en acero líquido, existían solamente en mi imaginación. Así que descubrí el resultado final al mismo tiempo que el público. Lo único que tuve que hacer en ese momento fue usar mi imaginación: mirar hacia arriba, hacia la nada, y hacia ese brazo falso que habían construido.


GM: Xander Berkeley contó que ustedes dos inventaron una historia bastante completa para Todd y Janelle, aunque la película prácticamente no nos da ninguna información sobre ellos. Incluso años después apareció una canción, “Todd & Janelle”, inspirada en esos personajes. ¿Qué habían imaginado ustedes que había pasado entre Todd y Janelle antes de que empezara la película? ¿Eran felices? ¿Se querían? ¿O ya estaban hartos el uno del otro?
JG: Sí, Xander y yo improvisábamos bastante entre nosotros. Cuando estábamos ensayando, por ejemplo, sentados en el sillón, simplemente nos molestábamos el uno al otro. Estábamos viendo la televisión y yo me paraba delante de la pantalla y le gritaba que se corriera, que se corriera del medio, como una pareja que discute constantemente y que está bajo mucha presión.
Como actor, siempre construís una historia de fondo. Te imaginás que cuando dos personas se enamoran por primera vez, todo es maravilloso, pero después la vida se interpone. Ellos vivían en un lugar pequeño, pero ¿por qué estaban adoptando temporalmente a un chico? Evidentemente, no podían tener hijos propios. Yo me imaginé que tenían problemas de fertilidad.
Cuando recibís en tu casa a un chico en situación de acogida, viene de un entorno realmente muy difícil. No está vinculado emocionalmente con vos y quizás vos tampoco tenés las herramientas para ser el padre o la madre perfecta. Incluso bromeábamos con que, cuando el policía llegaba a la puerta, Xander me decía: “Janelle, escondé el porro”. Así que la pasamos muy bien juntos.
Y en cuanto a la canción de Todd y Janelle, es increíble. La banda se llama Wolfie’s Just Fine y Jon Lajoie es el tipo que escribe todo. Es una canción increíble y cuenta lo que pasa por la mente de un hombre en ese instante antes de morir, cuando está mirando a su esposa y están tan distanciados que él ni siquiera puede reconocer que, en realidad, ella es una IA. Así que sí, es una canción genial. Ojalá la gente la descubra.



GM: Una de las cosas más fascinantes de T2 es que Cameron filma esa casa suburbana casi como si fuera una película de terror. Hay un teléfono, la cocina, el perro, la comida… y de pronto todo se convierte en una trampa. ¿Recordás algún objeto de aquella casa que te haya quedado grabado?
JG: Fue genial poder volver a filmar en una casa de verdad. Es como que no hace falta actuar, y eso me encanta. La cocina era muy pequeña y hacía que fuera bastante difícil meter mi brazo en su boca, inclinarme hacia atrás y hacer todas esas cosas con las que uno se encuentra cuando está filmando. Pero es un buen punto: era un ambiente suburbano, con un perro, ese garage grande y desordenado. Es muy, muy de Los Ángeles y muy específico de una zona del Valle que, si sos de ahí, definitivamente reconoces.
GM: Tu brazo termina convirtiéndose literalmente en el brazo-espada del T-1000. Hoy parece casi increíble recordar que para hacerlo fabricaron un molde de tu brazo y que había toda una combinación de prótesis, efectos prácticos y efectos ópticos. ¿Cuál fue el momento más extraño del rodaje para vos: cuando te hicieron el molde, cuando viste por primera vez la réplica de tu brazo o cuando finalmente viste el efecto terminado?
JG: Mi brazo se hizo a partir de un molde de mi brazo real. Metí mi brazo en una especie de pasta, como un material plástico, con el que hacen un molde y después lo retiran. Fue genial, aunque también un poco perturbador ver que habían pintado en mi brazo falso todas y cada una de las pecas que tengo en el brazo real. Era bastante extraño. Después colocaron ese brazo en una especie de cuchillo, y yo simplemente tenía que mantener mi mano detrás de la espalda.
En realidad, el que tuvo el trabajo difícil fue Xander Berkeley, que era quien tenía que meterse ese cuchillo hasta el fondo de la garganta.


GM: ¿Hubo algún momento en que vos, Xander Berkeley, Edward Furlong o Robert Patrick se miraran entre ustedes y pensaran “qué carajo estamos haciendo”?
JG: Lo más raro que tuve que hacer fue tirarme adentro de ese tanque de material fundido. Supongo que era algún tipo de metal fundido, vaya uno a saber si era hierro o qué. Pero en realidad lo que había era un tanque enorme lleno de aceite para bebé tibio, al que le habían echado kilos y kilos de azúcar impalpable para que se volviera opaco ante la cámara. Entonces yo simplemente tenía que meterme ahí, usando una peluca por si tenían que volver a filmar la escena.
Y sí, fue muy raro. Aunque también fue bastante divertido nadar en esa cosa. Incluso tenían duchas especiales para después. Pero mi piel quedó súper hidratada y deliciosa, supongo.
GM: Después de Aliens, mucha gente probablemente esperaba volver a verte como una mujer de acción. Y Cameron hizo exactamente lo contrario: te puso en una casa, como una madre suburbana, para después convertirte en una de las primeras víctimas del T-1000. ¿Recordás qué te dijo Cameron cuando te ofreció el papel? ¿Te causó gracia que Vasquez terminara convertida en… Janelle?
JG: Sí, después de Aliens tuve un verdadero problema con que me encasillaran. Cuando entraba a una audición, la gente esperaba que fuera una latina enorme… No sé exactamente qué esperaban de mí. Pero cuando Jim me preguntaba: “¿Cómo te está yendo en Hollywood? ¿Cómo reacciona la gente ante vos?”, yo se lo contaba. Y él me decía: “¡Dios mío! ¿No se dan cuenta de que sos actriz?”.
En ese momento yo acababa de tener un hijo y la gente me decía: “Y además sos una excelente madre, sos tan dulce…”. Entonces, cuando Jim me llamó y me dijo: “Tengo un papel para vos y te va a entusiasmar saber que interpretás a una madre”, no podía creerlo. Pensé: “Bueno, esto sí que es un cambio radical”.
Yo suponía que iba a ser una madre muy buena. No sé por qué. Es como el T-1000, que asumía que así es como debe ser una madre. Pero la verdad es que me encanta interpretar a las villanas.
GM: Si uno mira Terminator 2 hoy, resulta impresionante la cantidad de cosas que se hicieron físicamente antes de que la computadora pudiera resolverlas: maquillaje, animatronics, dobles, prótesis, explosiones, miniaturas. ¿Cuál fue el truco o efecto que viste durante el rodaje y que en ese momento te pareció imposible?
JG: Los efectos prácticos siempre son los mejores. No hay nada como ver a un doble de riesgo haciendo saltos de ese tipo, o poder correr realmente subiendo unas escaleras. Así que todo lo que el público vio y que resultaba nuevo e innovador, como dije antes, era también la primera vez que yo lo veía. Y realmente me dejó impresionada.


GM: Pasaron 35 años y Terminator 2 vuelve ahora a las salas de Argentina. Para alguien que la vio por primera vez en VHS, televisión, DVD o streaming, volver a verla en una pantalla enorme cambia muchísimo la experiencia. ¿Hay alguna escena que tengas ganas de volver a ver en cine junto al público?
JD: Estoy muy emocionada de verla en la pantalla grande. Me pone muy feliz que la vuelvan a estrenar y, Dios, no sé… prácticamente todas las escenas de acción de Robert: cuando corre, cuando le disparan y se reconfigura, todo.
GM: En 1991 Cameron imaginaba una inteligencia artificial capaz de aprender, imitar voces, copiar cuerpos y utilizar nuestra propia tecnología contra nosotros. Hoy tenemos IA que puede imitar una voz, generar un rostro y producir imágenes de personas que nunca estuvieron frente a una cámara. Después de haber formado parte de Terminator 2, ¿hay algo de la IA actual que te resulte inquietante?
JG: Hay muchas cosas inquietantes en torno a la inteligencia artificial. Supongo que, como estamos todo el tiempo mirando pantallas y usando nuestros teléfonos, nunca sabés si algo es real o no, y tenés que tener muchísimo cuidado. Ya no podés aceptar las cosas tal como se presentan. Yo trato, básicamente, de hacer todo lo que puedo en la vida real y de no pensar demasiado en las cosas aterradoras.

GM: Te propongo un pequeño juego para cerrar: si Skynet te permitiera volver durante un solo día al rodaje de Terminator 2, pero solamente como espectadora, sin cambiar absolutamente nada, ¿qué momento elegirías ver otra vez desde detrás de la cámara?
JG: Creo que me gustaría estar en la sala de edición. Estar detrás de cámara, por así decirlo, y ver cómo Cameron filmó todas las escenas, cómo trabaja con el editor y cómo van construyendo la película.
