Hokum: Un thriller con toques de folk horror
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Si hay un joven director que, desde su debut con el largometraje Caveat (2020), no ha dejado indiferente a nadie —ya sea entre quienes lo aman o quienes lo detestan—, ese es el irlandés Damian McCarthy. Con su último trabajo, Hokum (2026), vuelve a incursionar en el género del terror, aunque esta vez con una propuesta deliberadamente engañosa.
Por César Arturo Humberto Heil
Ohm Bauman (Adam Scott), un novelista de terror atravesado por un pasado trágico viaja a un hotel rural irlandés donde sus padres pasaron la luna de miel, con el objetivo de esparcir sus cenizas. Allí se cruza con la leyenda de una bruja encerrada en una suite nupcial clausurada y, tras la desaparición de Fiona (Florence Ordesh), una empleada del hotel comienza a involucrarse en su búsqueda dentro de esa habitación embrujada, donde empieza a experimentar visiones cada vez más inquietantes.
El duelo y la culpa como puerta de entrada al horror
Al igual que en Oddity y Caveat, McCarthy utiliza una pérdida emocional como motor dramático. Ohm es un personaje hosco y malintencionado que carga con la muerte de su madre: cuando era niño, manipulando un arma de la casa le disparó accidentalmente. Ese hecho provocó el rechazo de su padre y lo marcó para siempre. El duelo por esa pérdida lo convirtió en un escritor de relatos oscuros, de finales poco esperanzadores, y lo llenó de pensamientos suicidas.
En este contexto, la leyenda de la bruja puede interpretarse no como una presencia sobrenatural sino como una manifestación del trauma del protagonista. Cada aparición parece empujar a los personajes hacia una verdad que intentan evitar: la imposibilidad de escapar de aquello que hicieron.
Al comienzo, Ohm está obsesionado con la muerte de su madre. Sin embargo, a medida que investiga la desaparición de Fiona, comprende que el problema ya no es únicamente la pérdida, sino la culpa que continúa arrastrando. El misterio externo termina reflejando su conflicto interior.
Incluso el título Hokum puede leerse en esa dirección. La palabra suele referirse a algo engañoso, una farsa o una ilusión. Durante gran parte del film creemos asistir a una historia de brujas, cuando en realidad la película habla de personas comunes incapaces de perdonarse. Allí reside una de sus mayores virtudes: el verdadero horror no surge de la existencia de la bruja, sino de descubrir que los vivos permanecen atrapados por su propio pasado.
Un thriller disfrazado de folk horror
El hotel no funciona simplemente como escenario. Como ocurría en Caveat y Oddity, McCarthy convierte la arquitectura en un personaje. Los pasillos parecen demasiado largos, las habitaciones desmedidas y silenciosas, y las escaleras generan una constante sensación de vulnerabilidad. Heredero del gótico clásico, el edificio parece poseer una memoria propia y resulta inquietante incluso cuando no ocurre nada sobrenatural.
La premisa remite inevitablemente a El resplandor: un hotel aislado, una habitación prohibida, un pasado que se niega a desaparecer y un protagonista psicológicamente inestable. Sin embargo, McCarthy incorpora elementos del folclore irlandés y una imaginería más cercana al cuento gótico europeo. La figura de la bruja ancestral acerca la película al folk horror contemporáneo y la aleja del terror urbano.

Sin embargo, lo más interesante de Hokum es que fue presentada como una película de brujas cuando, en realidad, su estructura funciona principalmente como un thriller de investigación criminal atravesado por elementos sobrenaturales.
La pregunta que sostiene el relato no es “qué quiere la bruja”, sino “qué ocurrió realmente con Fiona”. A partir de su desaparición, Ohm se convierte en un investigador improvisado y la película comienza a organizarse alrededor de pistas, sospechosos, secretos y revelaciones, recursos más propios del policial que del terror sobrenatural.
La bruja termina funcionando más como una fuerza de castigo que como la causa principal de los acontecimientos. Lo sobrenatural refuerza el relato criminal en lugar de reemplazarlo y vuelve a poner el foco en aquello que parece obsesionar a McCarthy desde sus primeras películas: la violencia y la culpa. Este desplazamiento del foco dramático es uno de los mayores aciertos de Hokum.
Personajes atrapados en un purgatorio emocional
Hokum es una historia en la que todos los personajes viven en una suerte de purgatorio emocional. Ohm carga con la culpa accidental por la muerte de su madre. Aunque fue un accidente, nunca logra liberarse de la sensación de responsabilidad.

El vagabundo Jerry (David Wilmot) vive con la culpa de haber matado a su esposa enferma. Lo hizo como un acto de compasión, pero eso no elimina el peso moral de la decisión. En otros personajes, la violencia responde a motivaciones más egoístas y a la necesidad de encubrir aquello que no puede salir a la luz. Incluso Fiona aparece atrapada por decisiones del pasado y relaciones destructivas. En ese sentido, el hotel deja de ser solamente un espacio encantado y se convierte en un depósito de culpas: todos llegan allí cargando algo que no pudieron resolver.
Lo interesante es que McCarthy evita los personajes completamente inocentes. En muchos relatos de terror clásico existe una víctima enfrentada a una fuerza maligna; en Hokum, eso no ocurre. Por eso, la bruja puede interpretarse no tanto como un monstruo, sino como una materialización simbólica de aquello que los personajes intentan ocultar.
La atmósfera como verdadero protagonista
Si analizamos fríamente la trama de Hokum, descubriremos que no es especialmente compleja. El misterio de Fiona, la culpa de los personajes y la leyenda de la bruja podrían narrarse de una manera mucho más convencional. Lo que vuelve interesante a la película es la forma en que McCarthy consigue que el espectador habite esos espacios.
No recordamos tanto los giros argumentales como la sensación de recorrer esos pasillos vacíos, observar una puerta entreabierta o esperar que algo aparezca al fondo del encuadre. Desde esta perspectiva, McCarthy se asemeja más a un director de atmósferas que a un constructor de enigmas. Sus historias funcionan porque primero logra que nos involucremos con el espacio y, recién después, revela qué ocurrió allí.

En lugar de mostrar continuamente a la bruja, el director construye la sensación de que podría aparecer en cualquier instante. Hay momentos en los que la tensión surge de un pasillo en penumbras o de la mirada fija de un personaje hacia algo que nosotros no vemos. Esto obliga al espectador a completar la imagen mentalmente, y la imaginación suele resultar más perturbadora que cualquier efecto explícito.
McCarthy vuelve a demostrar una notable habilidad para administrar la tensión, manipular la oscuridad, construir un horror sensorial y utilizar el sonido como anticipación de la amenaza. En Hokum, los espacios cerrados del hotel se convierten en un mecanismo narrativo diseñado para producir ansiedad, mientras que la leyenda de la bruja funciona como un gran señuelo.
Lo paranormal: ¿realidad o pesadilla?
Otro aspecto interesante de Hokum es que muchas escenas se desarrollan en una frontera difusa entre la realidad y el sueño. No tanto por una estética onírica evidente, sino porque los espacios aparecen levemente desplazados de lo cotidiano y porque Jerry (y también Ohm) consumieron hongos alucinógenos.
De este modo, todo resulta reconocible, pero al mismo tiempo extraño. Esto hace que el espectador oscile constantemente entre la certeza y la duda: si lo que sucede en el sótano de la suite nupcial es real o producto de la percepción alterada por los hongos.
El conquistador y el verdadero cierre del duelo

La película comienza con imágenes de un conquistador que atraviesa el desierto junto a un niño, siguiendo un mapa dentro de una botella. Incapaz de extraerlo —ni de romper el recipiente—, la escena se interrumpe justo cuando está por hacerlo golpeando el cráneo del niño. Este prólogo inconcluso de la novela que Ohm escribe puede leerse como un reflejo de su estado emocional ante su duelo aún no resuelto.
Al igual que el conquistador que busca dominar un territorio, Ohm hace lo mismo al intentar ordenar su mundo. Sin embargo, la realidad que encuentra en el hotel se resiste a ser organizada. Descubre que hay cosas imposibles de controlar: la muerte, el duelo, la culpa y la legendaria bruja que habita la suite nupcial.
Lo interesante es que cuando llega al hotel, Ohm está determinado por una pérdida; cuando se marcha, la pérdida persiste, pero su relación con ella ha cambiado. No hay absolución, pero sí una aceptación que la vuelve soportable, marcando así el arco dramático del personaje.
Lo que parecía una narración sobre la imposibilidad de escapar del pasado termina convirtiéndose en una reflexión sobre cómo aprender a convivir con él. Ese matiz resulta clave para entender el sentido último de la película.
Conclusión

Hokum no resulta una historia de brujas, sino un relato sobre la imposibilidad de escapar de uno mismo. A través del horror, McCarthy desplaza el conflicto hacia un terreno más íntimo: la culpa, la percepción y la dificultad de cerrar el pasado.
Lejos del susto fácil o de los finales felices, la película apuesta por una resolución más incómoda pero también más honesta: hay experiencias que no se superan ni se explican por completo, sino con las que se aprende a convivir
Por eso, más allá de su aparente engaño, Hokum termina revelándose como una propuesta particularmente sólida y coherente dentro del universo de McCarthy, donde el verdadero horror no proviene de lo que acecha dentro de esa suite, sino de aquello que los personajes cargan.
Disponible: Prime Video
