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Made in Argentina: La cofradía del cine B entre Corman y Olivera

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Made in Argentina

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Antes de que las grandes coproducciones internacionales desembarcaran en la región con presupuestos multimillonarios, un puñado de producciones Made in Argentina demostró que los técnicos locales podían abastecer al voraz mercado estadounidense. Fue la época en que la artesanía cinematográfica de Don Torcuato conquistó las estanterías de VHS de todo el globo.

Por Daniel López Pacha

Anatomía de una alianza Made in Argentina de cine B que financió el cine en los años 80

La historia de las grandes alianzas cinematográficas suele escribirse bajo las luces de Cannes o en las oficinas ejecutivas de Hollywood. Sin embargo, entre 1983 y 1990 tuvo lugar un experimento de ingeniería de producción tan insólito como fascinante, gestado en los Estudios Baires Film de Don Torcuato. Allí se consolidó el matrimonio comercial entre Roger Corman —el rey indiscutido del cine de serie B norteamericano— y Héctor Olivera, referente indiscutible del cine argentino y cofundador de la mítica productora Aries Cinematográfica Argentina junto a Fernando Ayala.

Este acuerdo dio a luz a diez películas de género (espada y brujería, acción desenfrenada, heroínas amazónicas y thrillers oscuros) destinadas a engordar las estanterías de los videoclubes globales en la época dorada del formato VHS. Más que un cruce casual entre la excentricidad extranjera y la logística local se trató de un engranaje financiero perfecto en medio de la turbulenta transición democrática de la Argentina, donde la delgada línea entre el cine de autor y la producción industrial de explotación encontró su mayor punto de equilibrio.

Para comprender cómo funcionó esta maquinaria, es necesario observar la crisis coyuntural de ambos polos. Corman, recién desvinculado de New World Pictures para fundar Concorde/New Horizons, buscaba desesperadamente costos de rodaje hiperreducidos frente al alza inflacionaria de Los Ángeles. Por su parte, Aries Cinematográfica necesitaba divisas firmes para mantener a flote sus gigantescos estudios y sostener los sueldos de su personal de planta mientras la moneda nacional se devaluaba vertiginosamente entre el final de la dictadura y los años del alfonsinismo.

La fábrica de Don Torcuato: Logística, espadas y dólares en el set

Made in Argentina

El engranaje arrancó oficialmente en 1983 con el rodaje de Deathstalker, dirigida por James Sbardellati (como John Watson) pero ejecutada con un ejército de técnicos, artesanos, vestuaristas y escenógrafos locales. Los talleres de Don Torcuato pasaron de fabricar utilería para las comedias picarescas de Alberto Olmedo y Jorge Porcel a moldear espadas de fibra de vidrio, armaduras de cuero y criaturas mutantes. La clave del éxito radicó en que la industria cinematográfica argentina no era improvisada: poseía directores de fotografía de primer nivel, iluminadores experimentados y montajistas capaces de trabajar a ritmo vertiginoso por una fracción de los costos estadounidenses.

El método operativo era implacable: Corman enviaba a los directores norteamericanos (generalmente jóvenes promesas que cobraban presupuestos mínimos) e importaba a las estrellas principales, mientras que Olivera proporcionaba toda la infraestructura, el soporte legal, las locaciones y los co-protagonistas locales. Actores como María Socas, Jorge Rivero, Marcos Woinsky y hasta el propio Guillermo Murray terminaron integrando repartos bilingües donde el doblaje posterior acomodaba las asperezas idiomáticas. La fluidez operativa fue tal que se reutilizaron decorados enteros; el castillo construido para Deathstalker sirvió inmediatamente para escenificar The Warrior and the Sorceress (1984) y Wizards of the Lost Kingdom (1984).

A medida que el modelo se aceitaba, el ritmo de filmación se volvió febril. En 1985 desembarcaron Barbarian Queen y Cocaine Wars (esta última dirigida por el propio Héctor Olivera bajo un pragmatismo industrial absoluto), seguidas por Amazons (1986), la secuela autoparódica Deathstalker II: Duelo de los Titanes (1987), Stormquest (1988), el thriller Two to Tango (1988) y el cierre definitivo del ciclo con Play Murder for Me en 1990. Para el mercado estadounidense se trataba de productos directos a video o para autocines; para la industria local, representaba una inyección ininterrumpida de divisas frescas.

Explotación comercial para financiar la memoria

Uno de los aspectos más reveladores de esta entente fue el pragmatismo sin prejuicios con el que Héctor Olivera asumió el proyecto. A diferencia de otros realizadores que recurrían a seudónimos anglosajones para ocultar su participación en films de bajo presupuesto, Olivera estampó su nombre real en los créditos como productor ejecutivo e incluso como director. Entendía que la dignidad de su cine no se medía en el género de consumo masivo que producía para el exterior, sino en la autonomía que ese modelo de negocio le otorgaba dentro de la cinematografía nacional.

Mientras el público norteamericano alquilaba cintas de guerreros y amazonas en los videoclubes de barrio, las ganancias netas del convenio Corman-Olivera servían como escudo financiero para Aries. Estos ingresos mantuvieron la estructura de la productora y amortiguaron el impacto de arriesgados proyectos de profundo compromiso político y artístico, incluyendo la consolidación de clásicos como La Patagonia rebelde (1974) en sus reestrenos democráticos, Tiempo de revancha (1981) o El arreglo (1983). Corman obtenía rentabilidad garantizada y mano de obra hipercalificada; Olivera obtenía el pulmón financiero necesario para no quebrar en un país económicamente impredecible.

Esta durabilidad —diez largometrajes a lo largo de siete años continuados— no tuvo parangón en las alianzas bilaterales de la región. El secreto de la cofradía residió en el absoluto respeto al contrato implícito: Corman no interfería en las pretensiones intelectuales de Olivera en Argentina, y Olivera no cuestionaba la cuota de violencia, erotismo y ritmo frenético que Corman exigía para el circuito internacional de distribución.

El rescate de la memoria: Del olvido del VHS al culto cinéfilo

Durante décadas, este corpus de diez películas permaneció sumergido en una suerte de limbo histórico. Para la crítica académica y la historiografía oficial del cine argentino, las incursiones de Aries en la barbarie heroica de corte Conan fueron leídas como simples rarezas alimenticias o tropiezos comerciales de una industria desorientada. Al no haberse estrenado masivamente en salas locales y haber circulado casi exclusivamente en casetes VHS importados, el público nacional les perdió la pista rápidamente.

La estocada final para esta histórica alianza no vino de un dragón de utilería ni de un guion fallido, sino del implacable colapso económico: la espiral hiperinflacionaria de finales del gobierno de Alfonsín volvió ingobernables las planillas de costos entre el primer claquetazo y el armado final. Aunque con el tiempo existieron tímidas intenciones de resucitar la maquinaria de rodaje en Don Torcuato, la nueva realidad financiera argentina había dinamitado la ecuación industrial.

Sin embargo, lo que la inflación desmanteló en los sets no pudo romperlo en lo personal. En 2002, cuando Roger Corman pisó el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata —entonces bajo la dirección artística del propio Olivera—, ambos productores se reencontraron no como socios de una fábrica de ilusiones de bajo presupuesto, sino como dos entrañables camaradas de armas que compartían el orgullo de haber conquistado, contra todo pronóstico, la era dorada del VHS.

La distancia histórica y la revalorización global del cine B han permitido releer este fenómeno bajo una luz muy distinta. Lejos de ser un capítulo menor, la «Cofradía Corman / Olivera» es hoy estudiada internacionalmente como un caso magistral de supervivencia industrial y descentralización productiva en la periferia. Demostró que, en momentos de crisis económica estructural, la creatividad técnica y la astucia financiera pueden convertir a un estudio sudamericano en el epicentro del cine de culto internacional.

Las películas

Deathstalker (1983)

Made in Argentina

Sinopsis: Guiado por los enigmáticos poderes de una bruja, el intrépido guerrero Deathstalker emprende una peligrosa travesía en busca de tres reliquias místicas: un cáliz, un amuleto y una espada legendaria. Sin embargo, para reunirlos y hacerse con el poder absoluto, deberá enfrentarse al despiadado hechicero Munkar, quien custodia los artefactos en una fortaleza repleta de trampas, monstruos y combates a muerte.

Dirigida por John Watson. Con Rick Hill, Victor Bo, Augusto Larreta, Verónica Llinás (Verónica Llinás, que pese a participar de Deathstalker descubrió más tarde que todo su rol fue eliminado), Boy Olmi, Susana Romero, José Arévalo, Marcos Woinsky. Filmada en los Estudios Baires en Don Torcuato, Argentina.

Datos:

Las espadas «de utilería local» e improvisación de forja: Para crear las armas y armaduras del set, los realizadores estadounidenses trajeron esquemas gráficos pero ningún material físico desde EE. UU. Los artesanos y utileros de Aries en Don Torcuato tuvieron que fabricar las espadas utilizando aleaciones de aluminio y resina de fibra de vidrio usadas habitualmente para escenografías de televisión. El problema fue que, en las primeras escenas de combate cuerpo a cuerpo, los actores doblaban las espadas de aluminio al chocar entre sí y el equipo técnico debía enderezarlas a martillazos en los descansos entre toma y toma.

El dialecto en el set: Gran parte de los extras y actores secundarios que hacían de soldados y criaturas eran deportistas, fisicoculturistas o acróbatas argentinos que no hablaban una sola palabra de inglés. Los asistentes de dirección locales tenían que dirigir las cargas de batalla usando silbatos y señas de código para que supieran cuándo avanzar, caerse o simular la muerte sin interrumpir los parlamentos de los actores norteamericanos.

El papel borrado: A pesar de haber participado en Deathstalker, Verónica Llinás descubrió más tarde que la totalidad de sus escenas había sido eliminada del montaje final.

The Warrior and the Sorceress (1984)

Made in Argentina

Sinopsis: Traveseando los áridos páramos de un planeta desolado, el letal y solitario espadachín Kain llega a un poblado dominado por la codicia y la tiranía. Allí, dos facciones enemigas libran una guerra despiadada por el recurso más valioso del desierto: el único pozo de agua potable. Con astucia y una espada implacable, Kain decidirá jugar en ambos bandos para desatar el caos y hacer su propia justicia.

Dirigida por John C. Broderick. Con David Carradine, María Socas, Marcos Woinski, Cecilia Narova, Hernán Gené. Filmada en Valle de la Luna, Campo de Mayo, Estudios Baires Film S.A. Argentina.

Datos:

El vestuario del pozo y el frío en Don Torcuato: Aunque la película simula transcurrir en un planeta desértico y abrasador (el planeta Usha de dos soles), el rodaje de las escenas exteriores y del pueblo levantado en el predio de Don Torcuato se realizó durante madrugadas invernales con temperaturas cercanas a los 0 °C. Los actores principales, en particular David Carradine y las actrices que vestían trajes mínimos de cuero, debían cubrirse con mantas pesadas e ingerían bebidas calientes hasta un segundo ante de que el director gritara «Action!».

El perro de tres cabezas: La criatura mística que aparece en la película requirió que técnicos de efectos especiales locales articularan una pesada estructura mecánica sobre el lomo del animal. Los movimientos de las cabezas laterales eran controlados con cables invisibles desde fuera de cuadro por utileros argentinos ocultos tras rocas de telgopor.

El puño que creó al zurdo letal: Justo antes de iniciar el rodaje, una discusión impulsiva llevó a David Carradine a golpear una pared y fracturarse la mano derecha, un contratiempo crítico para un actor diestro que debía manejar la espada con precisión. Para salvar la producción, Anthony De Longis —coordinador de acrobacias y villano en la película— lo entrenó a contrarreloj para convertirse en zurdo, mientras que el equipo de vestuario resolvió el problema del yeso médico transformándolo en un amenazante guante negro puntiagudo, convirtiendo un accidente de última hora en un icónico sello visual del filme.

Wizards of the Lost Kingdom (1984)

Made in Argentina

Sinopsis: Cuando el mal extiende sus sombras sobre el mundo y los confines de las galaxias colisionan, todo vestigio de justicia y esperanza parece condenado a la extinción. Sin embargo, en la hora más oscura de la tierra, un nuevo héroe surgirá de las cenizas para reclamar su destino.

Dirigida por Héctor Olivera. Con Bo Svenson, María Socas, Augusto Larreta, Edgardo Moreira, Marcos Woinsky, Marina Magali. Filmada en Buenos Aires, Distrito Federal, Argentina.

Datos:

Reutilización de decorados al límite: Para abaratar costos y maximizar el presupuesto, casi el 80% de las estructuras de madera, los salones del castillo y los muros de piedra falsa utilizados en Wizards of the Lost Kingdom eran exactamente los mismos de Deathstalker y The Warrior and the Sorceress, solo que reubicados, repintados y fotografiados desde ángulos inversos por los directores de fotografía locales para que parecieran locaciones completamente distintas.

La criatura peluda (Gulf): El traje de la criatura blanca y peluda que acompaña a los protagonistas resultaba sofocante durante las tomas en interiores en el estudio Baires. El actor que lo personificaba requería ventiladores industriales encendidos permanentemente apenas terminaba cada toma para evitar golpes de calor.

Barbarian Queen (1985)

Made in Argentina

Sinopsis: Decidida a salvar a su hermana de las garras de un monarca tiránico y depravado, la indómita reina guerrera Amethea se embarca en una misión suicida en territorio enemigo. Sin embargo, en su marcha hacia el rescate caerá en una trampa de tortura y crueldad orquestada por un cruel verdugo, empeñado en quebrantar a toda costa la inquebrantable voluntad de la soberana.

Dirigida por Héctor Olivera. Con Lana Clarkson, Víctor Bó, Andrea Barbieri, Eddie Pequenino, Marcos Woinsky. Filmada en el Río Parana; Don Torcuato, Argentina.

Datos:

Entrenamiento express con espadas en los jardines de Baires: Lana Clarkson y las actrices principales llegaron a Buenos Aires con escasa preparación en combate escénico. Un grupo de esgrimistas y especialistas en dobles de riesgo argentinos montó una «escuela de combate» intensiva de tres días en los terrenos exteriores de los estudios Baires para enseñarles las coreografías con espadas de metal liviano, minimizando los riesgos de accidentes.

Caballos criollos para amazonas: Los caballos utilizados en la película no eran caballos de establos de Hollywood entrenados para cine, sino caballos criollos alquilados en campos y estancias de la provincia de Buenos Aires. Los dobles de riesgo locales tuvieron que adiestrar a los animales en tiempo récord para que no se asustaran frente a las explosiones de antorchas y los gritos de las batallas.

Cocaine Wars (1985)

Made in Argentina

Sinopsis: Operando en las sombras como el hombre de confianza del rey de la cocaína sudamericana, un agente secreto de la DEA recibe una orden letal: ejecutar un asesinato a sueldo. Su negativa desencadena una sangrienta persecución en la que su vida y la de sus seres queridos quedan en la mira. Sin nada que perder, el agente decidirá tomar la justicia por mano propia y llevar la guerra directamente hasta el corazón del cartel.

Dirigida por Héctor Olivera. Con John Schneider, Federico Luppi, Rodolfo Ranni, Haydeé Padilla, Marcos Woinski, Edgardo Moreira, Martín Coria. Filmada en Buenos Aires, Distrito Federal, Argentina.

Datos:

Locaciones reales y logística en el Norte Argentino: Aunque gran parte de la logística se coordinó desde Buenos Aires, la película dirigida por Héctor Olivera trasladó equipo y camiones a zonas selváticas y de montaña en Salta y Jujuy para simular las selvas del narcotráfico. El equipo técnico argentino tuvo que montar campamentos autónomos con generadores eléctricos portátiles para alimentar los equipos de iluminación en zonas donde no había tendido eléctrico.

Armamento de utilería bajo custodia: Al tratarse de una película de acción con constante despliegue de fusiles, pistolas y explosiones en un periodo de reciente retorno a la democracia, la producción de Aries tuvo que coordinar permisos especiales para el traslado y uso de las armas de fogueo, las cuales eran custodiadas bajo estrictos protocolos al finalizar cada jornada de filmación.

Amazons (1986)

Made in Argentina

Sinopsis: Ocultas en los confines del mundo conocido, las legendarias guerreras de una mítica tribu perdida ven amenazada su existencia milenaria. Atrapadas entre el asedio implacable de clanes salvajes y las oscuras redes de una hechicería ancestral, estas mujeres indomables deberán luchar con uñas y dientes para evitar la total extinción de su estirpe.

Dirigida por Alejandro Sessa. Con Mindi Miller, Francisco Cocuzza, Santiago Mallo, Anita Larronde, Marcos Woinsky, María Fournery. Filmada en Baires Studios, Argentina.

Datos:

Fotografía y trucaje en los bosques bonaerenses: Las escenas de frondosa vegetación no se filmaron en selvas tropicales distantes, sino que se utilizaron zonas boscosas de la provincia de Buenos Aires (como áreas de la zona norte del conurbano y los alrededores del Delta). Mediante encuadres cerrados, lentes específicos y el uso constante de máquinas de humo, se logró crear la ilusión de una jungla impenetrable y mística.

Vestuario tejido a mano: Gran parte de los brazaletes, arneses y adornos de cuero de la tribu de las amazonas fueron confeccionados por artesanos y marroquineros locales que trabajaban a marcha forzada para reparar las prendas que se desgarraban durante las tomas de acción en la vegetación.

Deathstalker II: Duel of the Titans (1987)

Sinopsis: En esta irreverente comedia de espada y hechicería que se burla de sus propios clichés, una princesa destronada por un malévolo hechicero busca la ayuda del legendario (y carismático) guerrero Deathstalker. Juntos emprenderán una disparatada y sangrienta travesía para reconquistar el trono, enfrentándose a un ejército de esbirros, oscuros hechizos y a un duplicado clónico de la propia princesa.

Dirigida por Jim Wynorski. Con John Terlesky, María Socas, Marcos Woinski. Filmada en Baires Studios, Argentina.

Datos:

La improvisación del tono cómico: Cuando el director Jim Wynorski llegó a Buenos Aires, se dio cuenta de que el guion original no funcionaría como una película de fantasía seria. Junto a los actores Monique Gabrielle y John Terlesky —y con la complicidad del equipo técnico argentino— comenzaron a improvisar gags, romper la cuarta pared y parodiar los clichés del género sobre la marcha, utilizando los mismos decorados de las películas anteriores como un elemento más del chiste visual.

El doblaje y la pronunciación: Los actores secundarios argentinos que tenían líneas de diálogo en inglés eran instruidos por los asistentes norteamericanos para exagerar la pronunciación o, en algunos casos, recitar fonéticamente las frases, sabiendo que en la etapa de posproducción en Los Ángeles muchas de esas líneas serían redobladas o mantenidas intencionalmente con acento para acentuar el tono paródico.

Stormquest (1988)

Sinopsis: En un reino mitológico gobernado con mano de hierro por una casta de mujeres guerreras, los hombres son reducidos a meros sirvientes y herramientas de reproducción. Sin embargo, cuando dos jóvenes y valientes guerreras cuestionan las injusticias de esta tiranía matriarcal, decidirán rebelarse contra el orden establecido, desencadenando una sangrienta revolución en busca de la igualdad y la libertad.

Dirigida por Alejandro Sessa. Con Brent Huff, Mónica Gonzaga, Marcos Woinski, Pía Uribelarrea, Esther Goris, Enrique Fynn, Nilda Raggi. Filmada en Cataratas del Iguazú, Misiones, Argentina.

Datos:

La construcción del palacio matriarcal: Las grandes paredes y columnas del templo matriarcal fueron construidas en madera compensada y yeso dentro de los escenarios cerrados de Don Torcuato. Los pintores escenográficos de Aries utilizaron técnicas de pátina para simular mármol y piedra envejecida, logrando un acabado visual de alto presupuesto en cámara con costos de materiales sumamente bajos.

Coordinación de dobles en combates multitudinarios: En los enfrentamientos entre las guerreras y las fuerzas rebeldes participaron gimnastas y practicantes de artes marciales reclutados en Buenos Aires, quienes diseñaron junto con el coordinador de dobles esquemas de caída sobre colchonetas ocultas bajo capas de tierra y hojas secas.

Two to Tango (1988)

Sinopsis: En busca de un retiro definitivo, Jim Conrad, un asesino a sueldo cansado del crimen, acepta un último trabajo que lo traslada a la noche de Buenos Aires. Sin embargo, el encargo se convierte en un laberinto mortal: su objetivo resulta ser un magnate fuertemente custodiado y rodeado de poder, cuya deslumbrante amante despierta en Conrad un deseo tan peligroso como la propia misión.

Dirigida por Héctor Olivera. Con Don Sroud, Duilio Marzio, Alberto Segado, Nathán Pinzón, Golde Flami, Pablo Novak, Francisco Cocuzza. Filmada en Buenos Aires, Distrito Federal, Argentina.

Datos:

Rodaje nocturno en el centro porteño: Dirigida por Héctor Olivera, la película aprovechó de manera magistral las locaciones reales de Buenos Aires. Varias secuencias clave se filmaron durante la madrugada en calles del centro, bares tradicionales y pasajes de la ciudad. El equipo usaba unidades reducidas de filmación para pasar desapercibidos y capturar la atmósfera auténtica del neo-noir porteño.

La mística del tango como elemento de suspenso: Las escenas de baile y música no fueron colocadas como un simple adorno turístico para el público estadounidense; Olivera utilizó a músicos y bailarines locales de tango para marcar el ritmo del montaje y la tensión dramática en las secuencias de seguimiento y persecución.

Play Murder for Me (1990)

Sinopsis: El inesperado reencuentro nocturno del saxofonista Paul Slater con Tricia, una antigua amante, desencadena una espiral fuera de control que termina con el asesinato del poderoso y peligroso esposo de ella, un capo del crimen organizado. Atrapado en una red de seducción, chantaje y venganza, el músico se verá arrastrado al centro de un mortal juego de engaños donde cada nota puede ser la última.

Dirigida por Héctor Olivera. Con Jack Wagner, Rodolfo Ranni, Gerardo Romano, Jorge Rivera López, Maurice Jouvet, Marcos Woinsky, Selva Mayo, Araceli González. Filmada en Buenos Aires, Distrito Federal, Argentina.

Datos:

Ambiente de jazz en el ocaso del convenio: Al ser la última producción del acuerdo Corman-Olivera, el rodaje se caracterizó por una eficiencia técnica absoluta. El club de jazz donde transcurre parte de la trama fue recreado íntegramente en los estudios Baires, utilizando iluminación de bajo contraste, sombras marcadas y humo en suspensión para emular el estilo de los locales nocturnos neoyorquinos.

Interpretación musical y doblaje de saxofón: Para dar total verosimilitud a las escenas del protagonista (Paul Slater) tocando el saxofón, se contó con la asesoría de músicos de la escena de jazz porteña, quienes instruyeron al actor en la postura correcta de embocadura y digitación sobre el instrumento para que coincidiera con la pista de audio grabada previamente.

Conclusión

A más de cuatro décadas de aquellas jornadas maratónicas en Don Torcuato, la alianza entre Roger Corman y Héctor Olivera trasciende la mera anécdota nostálgica. Fue, ante todo, un acto de pragmatismo industrial donde el músculo técnico argentino demostró estar a la altura de las demandas internacionales más exigentes. En tiempos donde el financiamiento cinematográfico sigue siendo una encrucijada recurrente en la región, la «Cofradía Corman y Olivera» permanece como el testimonio de una época en que las espadas de plástico, el cuero sintético y el formato VHS sirvieron para mantener encendida la llama del cine de autor nacional.

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