Spiderhead
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Los experimentos con drogas en voluntarios o soldados no son una novedad, en especial para los gobiernos de Estados Unidos y Rusia, quienes han experimentado durante años en este sentido, siendo el proyecto MK Ultra del gobierno estadounidense uno de los ensayos militares con drogas más perturbadores de la historia reciente y que ha dejado, después de más de setenta años, una gran cantidad de participantes con secuelas permanentes y es lo que sucede en Spiderhead.
Por César Arturo Humberto Heil

Spiderhead (2022), del director Joseph Kosinski, es un film que intenta abordar esa temática desde el género de la comedia negra, algo que consigue a medias. La historia basada en el cuento Escape from Spiderhead, del escritor norteamericano George Saunders, trata sobre un extraño laboratorio en medio del mar, totalmente alejado de toda civilización, en donde Abnesti (Chris Hemsworth), un científico que dice trabajar para el Gobierno con una serie de nuevas drogas, testea sus efectos en varios presos que están allí como voluntarios.

Si bien los presos no pueden salir del laboratorio, la vida ahí adentro es casi idílica. Buena comida, buenos tratos y aceptable convivencia con los otros reclusos, es lo que se les ofrece. Pero para poder ganarse ese privilegio, tienen que aceptar ser expuestos a las distintas drogas y participar de los experimentos, algo que a simple vista no parece ser tan grave si se lo compara con estar encerrados en un penal.
Jeff (Miles Teller), un nuevo prisionero, llega al lugar para ser parte de los ensayos. Las cosas al principio parecen ser muy simples: se les administran las distintas drogas mediante un dispositivo que ha sido adosado a su cuerpo y se monitorean sus reacciones individuales y con otros reclusos. Una de estas drogas mejora su oratoria, otra aumenta su deseo sexual, otra provoca la risa fácil y otra genera los más profundos terrores, siendo esta última la peor de todas.

Todo marcha bien hasta que los científicos exponen a una reclusa llamada Heather (Tess Haubrich) a esta droga que causa terror y aversión a cualquier objeto. Entonces, todo se sale de control y Heather se quita la vida dentro de la cabina de experimentos. Esta situación hace que Jeff reaccione y aproveche el momento de confusión para averiguar más sobre lo que realmente se hace ahí dentro, y lo que descubre lo va a poner en alerta.
Spiderhead combina comedia negra y drama de ciencia ficción, pero falla en despertar interés, a pesar de partir de una idea más que interesante. Quizá sea este intento de parte del director de querer darle ese tono de comedia sin que la historia lo solicite. Esto se pone de manifiesto en el uso de la música, la cual es demasiado funky para la oscuridad y perversidad de los experimentos que se muestran.
Kosinski deja entrever una vez más su ojo de arquitecto en el diseño de las líneas rectas del laboratorio y, lo que antes había funcionado a la perfección en Oblivion, aquí no funciona de la misma manera, generando un efecto contrario que termina redondeando un relato frio y con el que cuesta engancharse.

El final es lo peor de Spiderhead, y si había algo bueno para rescatar, esta resolución al mejor estilo de “cerremos esta historia como sea” termina de estrellar la película al igual que la avioneta en la que Abnesti intenta escapar del laboratorio.
Disponible: Netflix
