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Uzumaki: La espiral del horror y los límites de la adaptación

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Uzumaki

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Recientemente vi la miniserie Uzumaki (2024), una adaptación de cuatro episodios basada en uno de los mangas más reconocidos del artista gráfico Junji Ito y una obra fundamental del horror japonés contemporáneo. Publicado originalmente entre 1998 y 1999, el manga narra cómo una pequeña ciudad costera llamada Kurôzu-cho comienza a ser afectada por una misteriosa maldición relacionada con la forma de espiral.

Por César Arturo Humberto Heil

Lo que en un principio parece una obsesión extraña y aislada se transforma progresivamente en una auténtica epidemia de locura, deformación corporal y destrucción colectiva. Producida por Adult Swim y dirigida por Hiroshi Nagahama, la adaptación se centra en la historia de Kirie Goshima y su novio, Shuichi Saito, mientras familiares, vecinos y, finalmente, toda la ciudad sucumben a la influencia de esa fuerza inexplicable.

La adaptación conserva la premisa central del manga: una ciudad en la que las espirales se manifiestan como una fuerza sobrenatural capaz de alterar la mente, el cuerpo y el entorno. A lo largo de apenas cuatro episodios, intenta condensar los numerosos capítulos de la obra original hasta desembocar en el colapso total de Kurôzu-cho, aunque con resultados desiguales.

Una adaptación visualmente fiel

La decisión estética de reproducir el blanco y negro característico de los dibujos de Junji Ito —algo poco habitual en la animación televisiva— constituye uno de los mayores aciertos de la producción. Sin embargo, ese logro visual no alcanza a compensar las limitaciones derivadas de su escasa duración. Condensar una historia originalmente serializada en múltiples entregas en apenas cuatro episodios de treinta minutos genera una sucesión atropellada de situaciones y horrores corporales que parecen encadenarse sin suficiente desarrollo.

Personas que se convierten en caracoles, cuerpos que se retuercen formando espirales, mujeres embarazadas que succionan sangre como vampiros, remolinos colosales que provocan catástrofes y la aparición de hongos gigantes configuran un catálogo de monstruosidades que la serie introduce con escasa articulación dramática.

Aquello que en el manga se despliega mediante una progresión lenta y asfixiante aparece aquí reducido, fragmentado o fusionado, diluyendo tanto su impacto emocional como el efecto acumulativo de la locura colectiva. En consecuencia, la aceleración narrativa termina empujando varios momentos hacia un registro cercano al absurdo involuntario.

El problema del ritmo

Uzumaki

El misterio nunca termina de explicarse racionalmente. Si tomamos el final del manga, apenas se sugiere que la ciudad está asentada sobre una estructura ancestral vinculada a las espirales, aunque sin ofrecer una explicación cerrada ni científica del fenómeno.

La serie Uzumaki tampoco desarrolla demasiado esa idea, reforzando la sensación de desconcierto que atraviesa toda la historia. Sin embargo, el problema no radica tanto en la ausencia de respuestas —algo inherente al horror cósmico— como en la velocidad con que la adaptación acumula acontecimientos extraordinarios.

Lo que en el manga se construye de manera gradual, permitiendo que el lector asimile cada nueva manifestación de la maldición, aquí aparece comprimido por las limitaciones de un formato de apenas cuatro episodios. Al tratarse de lenguajes diferentes, ciertos recursos que funcionan admirablemente en la historieta pierden parte de su eficacia en el pasaje al audiovisual. Muchas de las imágenes más perturbadoras del original deben su fuerza al tiempo de contemplación que exige la lectura, un elemento que la serie rara vez logra replicar con la misma intensidad.

El horror cósmico de H.P. Lovecraft

En cuanto a la construcción de su atmósfera, Uzumaki establece claros vínculos con la narrativa de H. P. Lovecraft. La elección de una forma geométrica elemental como la espiral para encarnar una fuerza incomprensible, junto con la progresiva deformación de los cuerpos y la omnipresente sensación de fatalidad, remite directamente al horror cósmico desarrollado por el autor.

En este sentido, resulta difícil desligar la obra de esa tradición, ya que el terror no surge únicamente de las criaturas o de los fenómenos sobrenaturales, sino de la certeza de que toda resistencia es inútil frente a una lógica irracional que termina devorando la realidad misma. La serie potencia esta idea mediante una atmósfera opresiva y profundamente surrealista, atravesada por la noción de una condena imposible de evitar.

Conclusión

Uzumaki

Uzumaki consigue trasladar a la pantalla buena parte del impacto visual que convirtió al manga de Junji Ito en una obra de culto. Sin embargo, la decisión de condensar una historia extensa en apenas cuatro episodios termina afectando el desarrollo de sus ideas y la progresión de su horror. El resultado es una adaptación visualmente fascinante y atmosféricamente inquietante, pero que rara vez alcanza la capacidad de perturbación que distinguía a la obra original.

Disponible: HBO Max

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