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Honey Don’t!: una deriva fallida en la comedia negra de Ethan Coen

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Honey Don't!

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Desde que los hermanos Coen se separaron y decidieron seguir cada uno su camino, Ethan Coen ha vuelto a incursionar en el género de la comedia negra, y lo ha hecho de la mano de Tricia Cooke, con sus dos últimas producciones: El amor es un viaje en trineo al infierno (Drive-Away Dolls, 2024) y, ahora, Honey Don’t! (Honey, no 2025).

Por César Arturo Humberto Heil

Lo cierto es que, mientras su hermano Joel estrenaba en 2021 La tragedia de Macbeth (The Tragedy of Macbeth, 2021), una obra basada en los textos del dramaturgo británico, y lo hacía con un puntaje en IMDB por encima de 7, el bueno de Ethan solo ha cosechado algo más de 5 puntos en la misma plataforma con sus dos últimas películas. Esto demuestra que, en esta separación, las cosas para el menor de los hermanos no han sido tan auspiciosas.

En Honey Don’t! se repiten algunas ideas y temas ya vistos en El amor es un viaje al infierno. Por un lado, la protagonista vuelve a ser Margaret Qualley, hija de Andie MacDowell; por otro, la temática LGBT.

Una historia prometedora con problemas de desarrollo

La historia nos presenta a Honey O’Donahue (Margaret Qualley), una detective privada que mantiene una relación con la oficial de policía MG Falcone (Aubrey Plaza) y debe investigar la muerte de una mujer ocurrida en un supuesto accidente vial. El inicio de esta investigación la llevará hasta la Iglesia de los Cuatro Caminos, liderada por el pastor Drew Devlin (Chris Evans), un hombre con pocos escrúpulos, negocios turbios y numerosas relaciones sexuales con sus feligresas.

Pero, cuando en medio de la investigación su sobrina Corinne (Talia Ryder) desaparece, las cosas terminan dando un giro inesperado.

En su película anterior, si había algo que predominaba era el humor absurdo; en cambio, en Honey Don’t!, el humor deja de ser absurdo para transformarse en un humor bien negro, dando lugar a una narrativa mucho más siniestra y violenta, donde no se escatima en escenas con abundante gore.

Un guion desbalanceado y excesivo

Honey Don't!

El mayor problema que tiene el filme es su guion, el cual intenta abordar varios temas y no termina desarrollando ninguno. La breve inclusión —a mi criterio forzada— del padre de Honey, para intentar hablar de las relaciones familiares y la aceptación tardía del lesbianismo, resulta insuficiente. Lo mismo sucede cuando se intenta criticar a los cultos con sesgo de secta mediante la estereotipación del reverendo, o cuando se pretende hablar sobre las relaciones tóxicas en parejas LGBT.

El guion también adolece de problemas de ritmo. Uno siente que el personaje de Honey está siempre en el mismo lugar; es como si no avanzara en su objetivo, que es llegar a la secta y, por ende, al reverendo Devlin para recatar a su sobrina. De hecho, cuando se espera un encuentro final apoteótico, este nunca se produce debido a un giro de trama tan inesperado como absurdo.

Como viene siendo habitual en los últimos filmes de Ethan Coen, los excesos abundan aquí también. En este caso, el guion, escrito por el propio director nuevamente en colaboración con Tricia Cooke, se pasea por una serie de imágenes de sexo lésbico y heterosexual bastante subidas de tono, dejando bien en claro cuál es el enfoque del filme.

En cuanto a las escenas de gore, también hay una sobreexposición innecesaria, especialmente porque están ligadas en su mayoría a personajes secundarios, lo que da a pensar que han sido incluidas por pura espectacularidad.

Conclusión

Honey Don't!

Como se mencionó al principio, es evidente que a Ethan Coen la separación artística de su hermano Joel no le ha sentado bien. El otrora guionista y director de filmes como Balada de un hombre común (2013) o Educando a Arizona (1987) ha caído en una confusión narrativa que ha reducido notablemente su nivel creativo, entregando una obra que, pese a su premisa interesante, se diluye en excesos y falta de cohesión.

Disponible: HBO Max

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