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La Nouvelle Vague: La deconstrucción del lenguaje

12 minutos de lectura

Por César Arturo Humberto Heil.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

El 13 de septiembre de 2022 en la localidad de Rolle, Suiza, el cineasta francés Jean-Luc Godard, uno de los máximos referentes de la corriente cinematográfica Nouvelle Vague, dejaba este mundo a los 91 años cansado de vivir y lo hacía a través del procedimiento médico del suicidio asistido, algo permitido y legal en el país donde vivía desde hacía varios años.

Muchos lectores, y en especial los más jóvenes, quizá no conozcan quien fue Jean–Luc Godard y que fue particularmente el movimiento artístico denominado La Nouvelle Vague y que surgió en Francia a mediados del siglo veinte y del cual Godard fue parte activa junto a otros artistas.

Este movimiento lo que pretendía era romper con la manera convencional que había por esa época de hacer cine, llegando a ser una de las corrientes cinematográficas más influyentes en la historia del séptimo arte. Quienes integraban esta vanguardia artística manifestaban el deterioro que ostentaba el cine convencional que se venía desarrollando durante la década de los 50.

Jean-Luc Godard

En su mayoría intelectuales, estos adeptos al movimiento manifestaban que el cine debía ser más consciente de su propia naturaleza, y no un medio superficial, vacío de contenido y sin nada que decir para un espectador cada vez más exigente. La principal característica de este movimiento fue la búsqueda artística de la verdad humana y lo que pretendía era exponerla con la mayor sinceridad posible.

La Nouvelle Vague surge en el medio de una Francia en plena reconstrucción luego de la segunda guerra mundial. En esa época las películas extranjeras dejaron de ingresar al país debido a los distintos bloqueos económicos, pero una vez finalizada la guerra, empezaron a llegar una importante cantidad de películas. Los realizadores franceses, pudieron disfrutar por primera vez de las obras de Alfred Hitchcock u Orson Welles, lo que supuso para ellos, una inmensa fuente de creatividad e inspiración.

Impulsados por la afluencia del cine mundial que ingresaba cada vez con mayor regularidad, los directores franceses empezaron a ensayar con diferentes técnicas cinematográficas que rompían tanto la construcción de la imagen como la narrativa tradicional con la que se hacía cine en esa época. La mayor influencia artística de la Nouvelle Vague, llegó principalmente desde otros movimientos cinematográficos como fueron el neorrealismo italiano y el cine noir norteamericano, muy popularizado durante la década de los 40 y 50.

Neorrealismo Italiano: Ladrón de bicicletas (Vittorio De Sica, 1948)

En esa época Hollywood era quien establecía los estándares a seguir. Los directores franceses, tomaron esos conocimientos cinematográficos visionando sus películas para luego romper con todas sus reglas. Los cineastas, usaban cámaras más livianas y a su vez dejaron de usar el trípode, para pasar a la cámara en mano, lo que les dio mayor dinamismo a sus películas y terminó por ser una parte importante del estilo. El desarrollo narrativo, no era lineal, como se venía haciendo en el cine tradicional, sino que muchas veces se montaban las películas en capítulos.

Para los realizadores surgidos de la Nouvelle Vague la coherencia narrativa que venía impuesta desde hacía años no era prioritaria y comenzaron a experimentar con el lenguaje cinematográfico más puro. Muchos entendían que el cine se había visto erosionado con la incorporación del sonido y buscaron la manera de recuperar el espíritu artístico de directores de la época muda como D.W Griffith o Sergei M. Eisenstein.

Esta nueva camada de directores franceses quería poder expresarse y comunicarse de una manera más libre sin tener que estar sujetos a ciertos condicionamientos propios de la industria. Este deseo de autoexpresión inició una discusión abierta en los distintos foros artísticos sobre la función real del cine y sobre sus implicancias sociales y políticas. Esto dio paso a la creación de revistas especializadas, las cuales con el tiempo oficiaron de plataformas para las difusiones de sus ideas y fueron los intelectuales de la época, como André Bazin, quienes las aprovecharon para desarrollar sus teorías acerca del cine. 

André Bazin

El intelectual André Bazin fue uno de los primeros que teorizó sobre el cine, argumentando que dicho arte merecía tener un análisis serio.  Su principal interés radicaba en el estudio del lenguaje cinematográfico. A través de sus textos Bazin debatía si el cine debía prevalecer en su forma o en su contenido. Estos escritos inspiraron a otros cineastas como Alexandre Astruc quien compartía la perspectiva estética que defendía Bazin. En 1948 Astruc escribió un artículo titulado “Nacimiento de una nueva vanguardia” el cual es considerado hoy en día, como el primer fundamento teórico que dio lugar al nacimiento artístico de la Nouvelle Vague.  En este texto, el cineasta defendía la idea de que el cine debía convertirse en un medio más personal, como pasaba en la literatura, comparando la cámara del director con el bolígrafo del escritor.

El debate fue tan intenso que se extendió a otras revistas especializadas como es el caso de Le Revue du Cinema. Esta revista era famosa por dedicarse al análisis fílmico, tanto del cine norteamericano como del europeo. La revista realizó numerosos estudios sobre distintos directores entre los que se destacan el norteamericano D.W Griffith y el alemán Fritz Lang.

Otro director muy importante dentro del movimiento fue Éric Rohmer quien comenzó como crítico de cine en la revista Le Revue du Cinema y contribuyó de manera significativa en el desarrollo teórico de la Nouvelle Vague. En 1948, Rohmer publicó un artículo para el medio francés Les Temps Modernes que llevaba el título de “Por un cine parlante” donde reflexionaba sobre el papel que debía tener el lenguaje hablado dentro del cine francés.

Éric Rohmer

Cahiers du Cinema la base fundacional de la Nouvelle Vague

La revista más importante de cine surgida en Francia en 1951 fue Cahiers du Cinema. Creada por Jacques Doniol-Valcroze y André Bazin, quienes habían trabajado previamente en Le Revue Du Cinema, esta revista contaba con numerosos artículos académicos sobre la cinematografía realizada en el país Galo y poseía en su staff a los mejores críticos de la época. Con el trascurso del tiempo la mayoría dejarían sus observaciones externas para pasar a la acción directa al convertirse en realizadores.  Dentro de esa camada de grandes directores aparecen los nombres de Jean-Luc Godard, François Truffaut, André Bazin, Eric Rohmer, Agnès Varda y Claude Chabrol entre otros, es por esta razón que se la considera como el medio escrito que dio lugar al nacimiento del movimiento cinematográfico de nombre Nouvelle Vague.

André Bazin fue una especie de mentor para toda esta oleada de jóvenes críticos, que ávidos de expresar sus opiniones sobre el cine, encontraron en la revista el lugar ideal para exponer sus ideas. Bazin y Doniol-Valcroze les dieron la libertad necesaria para que expresaran sus opiniones si ningún tipo de censura previa. Creían que la revista, debía destacarse por su heterogeneidad en los distintos enfoques que cada autor tenía sobre el séptimo arte. Con el tiempo, la revista empezó a ganar mayor popularidad en el país, y la atención hacia los artículos que se publicaban era cada vez mayor.

Estos jóvenes escritores, bregaban por un cine más liberado de los convencionalismos que imponía una industria cada vez más apoyada en el modelo Fordista, y compartían su rechazo hacia el cine tradicional realizado en Francia, que dominaba las taquillas de esos años.

François Truffaut

En 1953, François Truffaut escribió un ensayo titulado “Una cierta tendencia del cine francés”, en el que mostraba sus diferencias sobre cómo se debían adaptar las obras literarias, las cuales, según el artista, lo hacían de manera poco imaginativa y muy apoyadas en el guion. Cuando el artículo fue publicado, generó bastante controversia entre los lectores, pero también un consenso entre las dos posturas. Este estilo apasionado de Truffaut fue seguido por la mayoría de los críticos de la revista, lo que abrió un camino hacia un cambio radical en la línea editorial.

Los mejores años de la revista abarcan el período que va desde 1951, año de su creación, hasta el año 1968. Durante todo ese tiempo ejerció un importante papel en la defensa de la Cinematografía francesa.

Características principales

Filmar en locaciones reales

Una de las principales rupturas con relación al cine industrial, fue la de utilizar locaciones reales en vez de hacerlo en los estudios como se hacía habitualmente, de esa manera se aportaba mayor realismo y dinamismo a las escenas. Por otro lado, la luz natural daba un toque casual y de naturalidad a las imágenes, lo que hacía que las situaciones tuvieran ese aire de frescura y espontaneidad que tanto les interesaba reflejar. En este sentido, las películas del neorrealismo italiano, especialmente las del director Roberto Rossellini, en donde se usaban mayormente locaciones reales, sirvieron de inspiración para estos realizadores.    

Improvisación en el uso de los diálogos

En el cine de la Nouvelle Vague, era frecuente que los directores introdujeran diálogos improvisados de los actores o trabajaran con guiones inespecíficos, con escasas líneas de diálogos. Con esto se quería obtener una espontaneidad, dejando que la escena fluyera por si sola de manera natural. Jean – Luc Godard fue uno de los principales realizadores en trabajar sus filmes sin diálogos escritos. Esto se puede ver en su filme Al final de la escapada (1960), donde el realizador utilizó diálogos improvisados durante las escenas iniciales dentro del automóvil. Otro ejemplo lo encontramos en la escena final de Cleo de 5 a 7 (1962) de la directora Agnès Varda, donde los diálogos a menudo fueron modificados sobre la marcha.

Al final de la escapada

Producir con presupuesto mínimos

La inversión que se hacía en el cine en aquellos años era muy baja, lo que generaba muchas complicaciones a los directores a la hora de financiar sus películas. Desde 1947 hasta el año 1957 las producciones francesas recibieron subsidios o financiamiento por parte del Estado, pero a partir de 1957 la televisión empezó a ser cada vez más popular, lo que motivó que la asistencia a los cines tuviera una disminución drástica. Esto hizo que muchas películas fueran filmadas en departamentos prestados o que pertenecían a algún familiar del director. Esta escasez de recursos económicos también se vio reflejada en la elección del reparto. Era muy común descubrir actores nóveles participando de los filmes ante la imposibilidad de pagar los altos honorarios de los actores famosos. 

La falta de medios económicos fue en gran medida responsable de que a menudo los cineastas tuvieran que verse forzados a ser inventivos, y eso llevó a que hubiera muchas innovaciones estilísticas dentro del cine francés.

El uso del sonido directo

El sonido en las películas se grababa en vivo, algo que no era habitual en el cine de esa época en donde predominaba el doblaje. Esta elección artística y estética hacía que varias escenas se escucharan demasiado fuerte o mucho más bajo de lo audible, lo que producía en los espectadores cierto desconcierto a la hora de escuchar los diálogos. Los directores no solían hacer muchas correcciones en este sentido y cuando dos personajes hablaban al mismo tiempo, el audio tendía a mezclarse con la música de fondo o con el sonido del entorno.

Agnès Varda

La cámara en mano y plano secuencia

Una característica sobresaliente en las películas de la Nouvelle Vague era el uso de la cámara en mano en vez del trípode, esto provocaba que varias escenas se vieran temblorosas o inestables y dieran una imagen de cine amateur, de esta forma se conseguía una mayor flexibilidad a la hora de rodar un plano. Esta técnica también permitía al director realizar tomas de mayor duración, en la que la cámara seguiría a los personajes durante toda la escena. Esto se puede observar en la película Al final de la escapada (1960) de Jean–Luc Godard y específicamente en la escena en donde los personajes Patricia y Michel conversan en la sala. 

Los directores también usaban esta técnica, para captar a los personajes caminando por la calle, entrando a distintos lugares, o ubicando la cámara por encima de los hombros del personaje, para de esa forma captar su punto de vista. En Cleo de 5 a 7 (1962) de la directora Agnès Varda vemos a la protagonista caminando por las calles de París siendo seguida por la cámara.

Esta técnica también permitió la incorporación del plano secuencia. Por ejemplo, en Los 400 golpes de François Truffaut (1959) tenemos un plano secuencia al final de la película, cuando Antoine escapa del reformatorio. En esta última escena, vemos a Antoine corriendo por una playa sin gente, en la que Truffaut hace uso de este recurso.

Los 400 golpes

El uso del Jump Cut o elipsis

Otra de las características técnicas, que predomina en los filmes de la Nouvelle Vague es el uso de las elipsis o Jump Cuts, en la edición de las películas. Los realizadores franceses no querían seguir los estándares del montaje tradicional, porque creían que de esa manera la historia abarcaba toda la atención dejando de lado las otras características propias del lenguaje del cine.

Un ejemplo sigue siendo la película de Jean Luc – Godard, Al final de la escapada, en la que hay una secuencia donde el personaje de Michel conduce un coche robado y vemos como el fondo va cambiando con la sucesión de cortes, mientras el personaje sigue manteniéndose en una misma posición dentro del plano. Este recurso también les permitía, cortar una escena de acción en varias partes.

La vida de los personajes

En las películas de la Nouvelle Vague, siempre es recurrente la aparición de personajes que se comportan y actúan de una manera inmoral e irresponsable en sus vidas. A menudo, no tienen un objetivo claro en la vida y tampoco tienen lazos familiares en los que apoyarse. Por ejemplo, en Al final de la escapada, Michel roba un coche en Marsella, roba el dinero de su novia y mata a un policía en el camino a París. En la película, a menudo se muestra la actitud caótica del personaje que tiene ante la vida.

En lo que respecta a las parejas las películas de la Nouvelle Vague han tratado las complejidades dentro de las relaciones amorosas. En su mayoría, se trata de gente joven que ronda los treinta años, y en las que vemos las diferentes batallas que tienen que lidiar a diario, con sus relaciones matrimoniales o con sus hijos. Esta temática la podemos ver en películas como Una mujer casada (1964) en la que Jean-Luc Godard nos relata la historia de una mujer que está teniendo una aventura amorosa con otro hombre o en la película de François Truffaut Domicilio conyugal (1970), en la que se nos muestra a una pareja casada, que tiene que lidiar con los problemas que trae consigo la vida en matrimonio.

Una mujer casada

Como podemos ver la Nouvelle Vague fue un movimiento artístico y político que se caracterizó por una fuerte ruptura de las estructuras clásicas del cine y que buscó una independencia estilística. Esta vocación por un cine más auténtico, en donde se priorizó siempre la figura del autor por sobre la del productor, sirvió de ejemplo para muchos otros realizadores de distintas partes del mundo que, influenciados por esa rebeldía de vanguardia, intentaron seguir sus ejemplos, entre ellos muchos cineastas argentinos como Leonardo Favio, Rodolfo Kuhn y Lautaro Murúa.

Por otro lado, es interesante destacar la importancia del recientemente fallecido Jean-Luc Godard, quien hasta el día de hoy junto con Truffaut y Rohmer, siguen siendo los referentes más importantes del movimiento. 

En cuanto a André Bazin, sus aportes han sido a través de sus textos teóricos, los cuales junto con los escritos del lingüista Jean Mitry forman parte fundamental en la teoría cinematográfica mundial. 

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