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Jurassic World: Renace

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Jurassic World: Renace

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Jurassic World: Renace (Jurassic World: Rebirth), película británica-estadounidense de acción, aventura y ciencia ficción, dirigida por Gareth Edwards, escrita por David Koepp, producida por Frank Marshall y Steven Spielberg. Con fotografía de Jonathan Mathieson, edición de Jabez Olssen, música de Alexandre Desplat. Se filmo en los Sky Studios de Londres, Inglaterra, también en Nueva York, Malta y Tailandia, desde el 17 de junio de 2024 al 28 de septiembre de 2024.

Por Daniel López Pacha

Reparto

Scarlett Johansson (Zora Bennett), Mahershala Ali (Duncan Kincaid), Jonathan Bailey (Dr. Henry Loomis), Rupert Friend (Martin Krebs), Manuel García Rulfo (Reuben Delgado), Béchir Sylvain (Leclerc), Ed Skrein (Bobby Atwater), Philippine Velge (Nina), Luna Blaise (Teresa), David Iacono (Xavier Dobbs), Audrina Miranda (Isabella).

Sinopsis

Cinco años después de Dominion, el mundo ya no es de ellos. La coexistencia entre humanos y dinosaurios ha fracasado. Los pocos ejemplares que aún sobreviven lo hacen confinados en selvas ecuatoriales, donde los climas imitan a los de su era de esplendor. Allí, tres gigantes prehistóricos guardan el secreto de una sustancia capaz de revolucionar la medicina moderna. Zora Bennett, experta en operaciones encubiertas, es enviada con un equipo élite a recolectar material genético de estas criaturas colosales. Pero la misión da un giro inesperado cuando se cruzan con una familia náufraga, víctima de un ataque marino. Juntos quedan atrapados en una isla fuera del mapa. Lo que descubren allí va más allá de lo imaginable: un experimento genético prohibido, olvidado por el tiempo y una amenaza que redefine el terror prehistórico.

El dilema de traer de vuelta el asombro perdido

Han pasado más de tres décadas desde que los dinosaurios volvieron a poblar el imaginario popular con la primera entrega de Jurassic Park. Desde entonces, la saga ha mutado en una fórmula reconocible: científicos en conflicto, niños en peligro, multimillonarios codiciosos y, por supuesto, dinosaurios sueltos. Pero en esta séptima entrega, Jurassic World: Renace, lo que alguna vez fue sinónimo de maravilla ahora lucha por justificar su existencia más allá del espectáculo.

La película parece consciente de su legado, pero también de su desgaste. La presencia de los dinosaurios ya no es un fenómeno sorprendente dentro del universo narrativo, y eso repercute directamente en el tono de la historia. La humanidad convive con criaturas prehistóricas con la misma apatía con la que soporta un atasco en hora pico. De hecho, eso sucede literalmente en los primeros minutos: un enorme saurópodo bloquea el tránsito neoyorquino, generando más bocinazos que admiración.

Jurassic World: Renace

Dinosaurios, humanos y una civilización indiferente

Esta entrega intenta relanzar la franquicia dejando atrás a los protagonistas humanos de la anterior trilogía. En su lugar, tenemos a Zora Bennett, una experta en operaciones especiales; Henry Loomis, paleontólogo con alma de bibliotecario; Duncan Kincaid, el viejo compañero de Zora; y Martin Krebs, un ejecutivo farmacéutico con principios moldeables. También se suma una subtrama marítima con una familia atrapada en una situación de emergencia, agregando otra capa de peligro disperso.

La historia se ubica en un presente en el que el clima ha comenzado a modificar radicalmente los hábitats de los dinosaurios, confinándolos a una zona restringida cerca del ecuador. Sin embargo, el verdadero conflicto parece ser existencial: ¿qué hacer con estos seres que ya no despiertan miedo ni fascinación? ¿Cómo insertarlos en un mundo que se ha acostumbrado a su presencia como si fueran palomas gigantes?

Entre momentos deslumbrantes y guiones deshilachados

La dirección de arte y la fotografía hacen un esfuerzo notable por rescatar la sensación de asombro. John Mathieson ofrece imágenes imponentes, desde paisajes cruzados por criaturas majestuosas hasta escenas subterráneas bañadas por haces de luz. La música de Alexandre Desplat, con guiños al icónico tema de John Williams, intenta reconstruir una emoción que parece haberse evaporado con el paso de las secuelas.

Jurassic World: Renace

Sin embargo, ni los destellos visuales ni las partituras nostálgicas logran sostener una historia que se diluye en explicaciones innecesarias y personajes que hablan más de lo que hacen. Los actores, de alto calibre, no logran trascender los estereotipos asignados. Las escenas de acción, aunque competentes, resultan previsibles. Y cuando llega ese momento en que los humanos vuelven a encontrarse cara a cara con los dinosaurios, el asombro se siente forzado, como una imitación de una emoción que ya no puede generarse espontáneamente.

¿Y si los dinosaurios ya no nos impresionan?

Jurassic World: Renace parece atrapada en una paradoja. Por un lado, quiere recuperar la emoción primigenia de Jurassic Park; por el otro, muestra un mundo en el que los dinosaurios se han vuelto parte del paisaje urbano, casi como mascotas monumentales. Esa contradicción socava la eficacia de sus mejores momentos: la escena en la tienda abandonada o el clímax en el nido acantilado, aunque logradas, no cargan con el peso simbólico de las secuencias clásicas de la saga.

El guion, firmado por David Koepp, ofrece ideas interesantes que luego olvida desarrollar. Hay tramas paralelas que se cortan abruptamente, personajes que desaparecen sin resolución y motivaciones que se reducen a clichés. A veces parece una película diseñada por algoritmos: funcional, vistosa, pero desprovista de alma.

Jurassic World: Renace

Conclusión

Lo que alguna vez hizo grande a esta franquicia fue su capacidad para devolvernos el asombro infantil ante lo imposible. Jurassic World: Renace intenta revivir esa chispa, pero se encuentra con una audiencia (y unos personajes) que ya no se dejan sorprender. La familiaridad con los colosos prehistóricos les ha robado parte de su misterio, y el cine —como el mundo que retrata— parece haberlos reducido a un elemento más del paisaje.

Mientras siga habiendo un mercado para ver dinosaurios rugir en pantalla grande, esta saga seguirá resucitando. Pero si quiere trascender el entretenimiento pasajero, deberá encontrar nuevas formas de provocar maravilla genuina. Porque sin esa magia, ni todo el CGI del mundo puede competir con la fuerza de una emoción real.

Disponible: En cines

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