INSIDE OUT #32 | Entrevista a Luis Sequeira: «El traje de Pennywise es una verdadera obra de Arte.»
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Hay una escena que Luis Sequeira cuenta casi como si fuera un origen mitológico: seis años, el taller de su madre en Lisboa, y una colección de tubos de ensayo con lentejuelas perfectamente ordenadas por color. Lo que siguió, mezclarlos todos, sin dudar, no fue un acto de rebeldía sino de curiosidad pura. De alguien que ya entonces no podía mirar algo hermoso sin querer intervenirlo.
Por Guillermo Martínez
Décadas después, ese mismo impulso está detrás del vestuario de Welcome to Derry, la precuela de It que regresa al pueblo más perturbador de Stephen King.
Formado en la estética del cine, con películas como Mad Max y Blade Runner, films que en los ochenta redefinieron lo que el vestuario podía hacer con un mundo de ficción, Sequeira llegó a la pantalla con la convicción de que la ropa no decora, narra. Lo demostró durante años junto a Guillermo del Toro, construyendo criaturas y personajes que existían antes de que alguien los viera. Y lo vuelve a demostrar acá, en una Derry que decidió vestir como si el tiempo se hubiera detenido a mitad de los cincuenta, ligeramente desfasada, levemente fuera de foco e inquietante, sin necesidad de anunciarlo.
Lo que emerge de la charla que mantuve con él no es solo el detalle técnico -aunque hay mucho de eso- sino la claridad con la que Sequeira entiende su rol, revelándonos algunos de los detalles más importantes de su recorrido y las decisiones detrás de una de las producciones de terror más esperadas de los últimos años.
Bienvenidos a Derry
GM: ¿Cuál es la primera prenda o tela que recordás haber tocado o visto en tu infancia que despertó en vos algún interés en particular?
LS: Mi madre tenía un taller en Lisboa, y cuando se mudó a Canadá, siguió trabajando desde casa. Conservo recuerdos muy vívidos de aquella época. Incluso antes de dedicarme a la tela, recuerdo pequeños tubos de ensayo de vidrio llenos de lentejuelas y microesferas, dispuestos en un soporte como si fuera un experimento científico.
Cada tubo contenía un color diferente, perfectamente organizado. Decidí —con bastante seguridad— que debían mezclarse todos. No solo unos pocos colores, sino al menos una docena, todos combinados. Esta decisión provocó un grito de disgusto y una pequeña reprimenda.
Poco después, intenté hacerle una capa a mi GI Joe con tela de uno de sus trajes de falda. Aquello también fue recibido con fuerte desaprobación. No era un niño malo; simplemente recuerdo que el impulso creativo anuló por completo cualquier sentido de la lógica. Claro que, en realidad, solo tenía seis o siete años.
GM: ¿Hubo algún momento específico en tu juventud en el que te diste cuenta de que la ropa no solo cubría cuerpos, sino que también contaba historias?
LS: Creo que esa comprensión surgió gracias a mi pasión por el cine. Hubo varios momentos formativos viendo películas de época, tanto en mi infancia como más tarde en mi juventud.
Dos películas que me impactaron profundamente fueron Mad Max y Blade Runner. Mad Max, con su estética postapocalíptica y grunge-punk, y Blade Runner, con su elegancia «retrofuturista», redefinieron por completo el potencial del vestuario.
No solo vistieron a los personajes, sino que crearon mundos enteros. Ambas películas influyeron en la moda de forma duradera y siguen siendo referentes sobre cómo el vestuario puede contar historias y crear atmósferas.
GM: Antes de llegar a las «grandes ligas», ¿solías personalizar tu propia ropa o crear disfraces para tus amigos? ¿Cómo eran esos primeros «prototipos»?
LS: Como empecé en el mundo de la moda y crecí en un barrio marginal con muy poco dinero para gastar, comencé a confeccionar ropa de fiesta para mí y mis amigos más cercanos. Esto fue a principios de los ochenta, cuando la invasión británica acababa de llegar.
Esos looks eran o bien piezas vintage reinventadas o prendas de marcas de lujo como Vivienne Westwood y BOY London. Así que nuestro grupo empezó a crear sus propias versiones, inspiradas tanto en la alta costura como en identidades basadas en el vestuario.
Creamos looks inspirados en marineros mercantes rusos y agricultores de papas amish, transformándonos por completo y yendo más allá de la moda convencional. Se trataba de meternos en la piel de un personaje.
También recuerdo cómo películas como Blade Runner contribuyeron a esa mentalidad, difuminando la línea entre vestuario y moda de una manera realmente emocionante.
GM: Dado que Welcome to Derry es una precuela de las películas de Andy Muschietti, ¿cómo lograste equilibrar el respeto por lo que ya estaba establecido con tu propia visión de la década de 1960?
LS: En las primeras conversaciones, propuse una estética similar a la de La Dimensión Desconocida para Welcome to Derry. Aunque la historia se sitúa a principios de los años 60, nos inclinamos por un estilo de mediados de los años 50 para la ciudad en sí.
La idea era que Derry pareciera ligeramente desfasada, casi suspendida en el tiempo, mientras que quienes llegan de afuera están más claramente anclados en principios de los años 60. Ese contraste le confiere a la ciudad una cualidad sutil e inquietante.
También nos inclinamos por lo que describí como una paleta «bañada en miel»: algo cálido, nostálgico y casi idealizado, pero ligeramente demasiado intenso. Esa tensión contribuyó a crear una inquietud subyacente.

GM: En televisión, los años 60 suelen representarse como una década brillante y optimista. ¿Cómo lograste «oscurecer» esa década para adaptarla a la atmósfera opresiva de Derry?
LS: Si bien adoptamos el color, la paleta se controló rigurosamente para unificar el conjunto y evitar que nada resultara demasiado vibrante o desenfadado.
A medida que avanza la serie y la trama se va complicando, la intensidad de la historia disminuye gradualmente. Este sutil cambio funciona a nivel subconsciente, generando tensión sin necesidad de anunciarlo explícitamente.
GM: ¿Cómo fue el proceso de trabajar con la iconografía de una entidad que cambia de forma cómo Pennywise?
LS: Esta serie nos brindó la oportunidad de explorar a la persona real que existía antes de que IT tomara posesión: Bob Gray, el payaso de circo en un contexto de 1908.
La creación de esta versión nos permitió ajustar sutilmente los detalles tanto de la confección como de la tela, dándole mayor realismo al personaje y haciéndolo parecer menos fantástico. Optamos por tonos más cálidos y una apariencia desgastada y ligeramente deteriorada, más propia de un artista venido a menos que de una figura sobrenatural.
Ese cambio añadió una nueva dimensión a Pennywise, haciéndolo sentir más humano… y, a su vez, más inquietante.

GM: Trabajaste extensamente con Guillermo del Toro. ¿Qué lecciones sobre cómo «transmitir» terror fantástico incorporaste de ese mundo al universo de Stephen King?
LS: Para mí, todo se reduce a darle profundidad al personaje. Me gusta definir claramente el lugar que ocupa cada personaje en el mundo, el viaje que emprende y cómo esa evolución puede expresarse a través del vestuario.
A veces los personajes evolucionan, a veces retroceden, y esto se puede plasmar a través del corte, la tela y la paleta de colores. Cuando todos estos elementos armonizan, el público se mantiene inmerso en la historia sin perder la conexión con ella.
Es un equilibrio delicado, pero cuando funciona, es increíblemente gratificante.

GM: ¿Hubo algún material en particular que te causara problemas frente a cámara o con los efectos especiales?
LS: No lo llamaría «problema», pero el disfraz rojo de Pennywise requería una atención muy específica. Cuando Andy me presentó la idea, la cuestión era si partir de una base gris y construirla, o empezar directamente con el rojo.
Tras las pruebas, quedó claro que empezar con el rojo nos proporcionaba la profundidad que necesitábamos. Dado que el traje es principalmente de seda, tuvimos que desarrollar técnicas para desgastarlo y envejecerlo sin que perdiera la vitalidad de la tela.
El siguiente reto consistía en crear el efecto de humedad sin destruir la pátina. La humedad real haría que el color se volviera un marrón rojizo intenso y plano, algo que queríamos evitar.
Tras extensas pruebas, utilizamos látex Dragon Skin, aplicado en múltiples capas rápidas. Esto nos permitió lograr ese efecto «húmedo» manteniendo la dimensión. La combinación de múltiples capas añadió un nivel adicional de complejidad.
GM: En producciones de terror como esta, la sangre y el desorden son constantes. ¿Tenés alguna anécdota de un día en el set donde un efecto especial «arruinó» un vestuario irremplazable, o donde el equipo tuvo que hacer magia en minutos para dejar un traje como nuevo para la siguiente toma?
LS: Descubrí que «pintar» la sangre y aplicar capas con un gel a menudo da el aspecto de sangre sin ensuciar. Permite un mayor control.
Por supuesto, hay momentos en los que se necesita fluidez en la acción, pero prefiero planificar con antelación la mayor parte de las escenas sangrientas. Dado que rara vez grabamos en orden cronológico, diseñar las consecuencias se vuelve fundamental.
Por ejemplo, si un personaje sufre una hemorragia, utilizaremos varias tomas para la acción real. Después, crearé un patrón de manchas predeterminado y lo actualizaré entre tomas para mantener la continuidad y, al mismo tiempo, que el resultado se vea fresco.
GM: Si pudieras quedarte con una sola prenda del vestuario de Welcome to Derry para tu colección personal, ¿cuál sería y por qué?
LS: Hay muchas piezas que me encantaría conservar, incluyendo a Pennywise, tanto de niño como de adulto, pero el disfraz rojo de Pennywise destaca por encima de todos los demás.
Es una verdadera obra de arte. Estoy inmensamente agradecido al cortador, al equipo de costura y a los artistas que se encargaron del envejecimiento y el acabado, quienes le dieron vida con tanto cuidado y precisión.
Al verlo de nuevo en un maniquí un año después de que terminara la producción, me impresionó sinceramente la maestría artesanal que había detrás de él.

GM: Si tuvieras que describir la «sensación táctil» de esta serie en una sola palabra, ¿cuál sería?
LS: Meloso. Tiene un aire cálido, soleado, nostálgico, casi acogedor, pero a la vez un poco demasiado intenso, demasiado saturado. Como algo dulce que empieza a echarse a perder. Esa leve sensación pegajosa que se percibe debajo es lo que crea la inquietud, incluso cuando todo parece hermoso.




GM: Tras construir esta versión de Derry ambientada en los años 60, ¿cuál es el nuevo reto técnico o narrativo que te propusiste para tus próximos proyectos en 2026? ¿Hay algún material o silueta en particular que estés empezando a investigar ahora mismo y que pueda darnos una pista sobre tu próxima obsesión visual?
LS: En este momento estoy leyendo un par de guiones. Uno está ambientado a principios de siglo, alrededor de 1900, con una ambientación de época, pero abordado con una sensibilidad contemporánea y de alta costura.
Es un equilibrio delicado, que debe sentirse atemporal y actual al mismo tiempo.
El otro proyecto se desarrolla en dos épocas paralelas: una en 1999 y la otra durante la Segunda Guerra Mundial. Siempre me han fascinado los años cuarenta, y explorar la moda europea cotidiana de finales del siglo pasado está resultando igualmente interesante.
El estilo «de época reciente» siempre supone un reto: cómo mantener la frescura en looks que, aunque estén lo suficientemente alejados de la moda actual como para parecer anticuados, siguen resultando familiares.
