Matate, amor
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. La salud mental en el cine es un tema delicado, eso todos lo sabemos. Por eso es de agradecer cuando nos llegan estos proyectos que buscan indagar en situaciones particulares. De eso va Matate, amor (Die My Love); protagonizada por Jennifer Lawrence, Robert Pattinson y basada en el libro de la escritora argentina Ariana Harwicz.
Por Jorge Marchisio
La trama se centra en la pareja compuesta por Grace (Jennifer Lawrence) y Jackson (Robert Pattinson), quienes deciden mudarse a la casa de campo del fallecido tío de él. Pero las cosas empiezan a salir mal casi de entrada, cuando ante la ausencia de Jackson, Grace comienza a sentirse mal, tener visiones y cambios repentinos de humor. Todo mientras se hace cargo de su bebe recién nacido.
Estamos ante esas historias de muy pocos personajes, de hecho, los secundarios podrían pasar a ser terciarios, y nadie se enojaría por dicha afirmación. Pero eso no molesta, porque con solo esos dos personajes (tres si contamos al bebe), igual se nos cuenta una historia bastante incómoda de ver, pero, sobre todo, de sentir.
Y es que los actos erráticos del personaje de Jennifer Lawrence son bastante incómodos de ver, en especial, cuando sabemos que su bebe está a pocos metros, y que ante esos cambios de humor sorpresivos; no sabemos qué podría hacer una mujer con claros indicios de inestabilidad, pero que todo su entorno finge que todo está bien.
Y en ese sentido, para celebrar las actuaciones de Lawrence y Robert Pattinson. No van a estar nominados a los premios, bueno, quizás Lawrence, pero la verdad es de las mejores interpretaciones en lo que llevamos de un 2025 bastante flojo en ese apartado. Buena química en los pocos momentos cariñosos, y mucha tensión cuando la situación se comienza a desbordar.
Eso sí, la película puede ser un poco caótica. Hay varios saltos temporales que no se explican (aunque si prestamos atención al aspecto de los personajes, y, sobre todo, a sus lastimaduras), podemos armar la cronología en nuestra cabeza. Aparte que, por momentos, pareciera que no se sabe bien hacia dónde apunta la historia. Aunque suponemos que ese es problema del guionista.

También podríamos decir que las casi dos horas que dura, se sienten. En especial en esos baches que mencioné más arriba, donde no sabemos qué se quiere contar, y la historia entra en una meseta. Por suerte, no sucede tan seguido como para llegar a molestar al espectador.
Matate, amor es una película intensa, y no para todo el público. Esto lo digo porque aquellos que vayan buscando algo pasatista, o que le den todo masticado, no estaría siendo el caso. Para aquellos que se quieran sorprender y ver una de las llamadas “películas que salieron de la nada”; acá tienen una buena recomendación.
Disponible: En cines
