Depredadores: cuando la justicia se vuelve espectáculo
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Depredadores (Predators, 2025), documental dirigido por David Osit, se centra exclusivamente en los pedófilos que se ocultan detrás de una computadora y lo hace a partir del análisis de la controvertida serie televisiva de la cadena NBC To Catch a Predator (2004–2007). Conducido por el periodista Chris Hansen, el programa atrapó durante tres años a depredadores de niños mediante operaciones encubiertas, lo que derivó en arrestos y, finalmente, en su cancelación.
Por César Arturo Humberto Heil
La pedofilia es uno de los grandes males que enfrenta la humanidad desde hace mucho tiempo. Cada vez son más los casos de niños abusados por adultos y sus ramificaciones van desde abusadores metódicos que buscan a sus presas en internet hasta verdaderos criminales escondidos en las esferas del poder mediático, político, económico y religioso.
La particularidad de Depredadores es que, a pesar de abordar un tema escabroso —y sobre el cual la mayoría de las personas coincide en el castigo que merecen los abusadores—, deja una extraña sensación de dualidad: ¿el programa hizo lo correcto al exponer y atrapar a estos enfermos o, en realidad, lo único que importaba era montar un show televisivo?
Entre la caza y el show
Desde los primeros minutos, el filme se adentra en la “cocina” del programa a través de material de archivo y entrevistas a distintos involucrados: fiscales, policías y mujeres y hombres que participaron como señuelos y que, en aquel entonces, eran adolescentes. Con este material, Osit va construyendo una mirada crítica sobre la validez de los arrestos desde el punto de vista legal y pone el foco en cierta deshumanización al exponer a los pedófilos frente a las cámaras.
Esta perspectiva, que al inicio resulta incómoda e incluso desconcertante, termina de cerrar hacia el final, cuando se revela la razón de ese enfoque. Allí aparece uno de los giros más interesantes —y quizá inesperados— del documental.
El programa To Catch a Predator fue cancelado luego de que uno de los abusadores se quitara la vida disparándose en la cabeza al verse acorralado por la policía. Si bien el hecho no salió al aire, trascendió rápidamente en los medios, lo que abrió un intenso debate social y marcó el comienzo del declive definitivo del show. También fueron duramente cuestionados los policías por su inadecuado involucramiento en un espectáculo televisivo, especialmente tratándose de situaciones en las que debería ser la justicia quien oficie de juez y no un periodista carismático.

El límite difuso entre justicia, morbo y entretenimiento
Entre los numerosos cuestionamientos al programa aparecen las secuelas psicológicas en quienes participaron como carnada para atraer a los pedófilos. A pesar de ser hoy adultos y llevar una vida estable, la mayoría expresa un profundo arrepentimiento por haberse prestado a ese rol, en especial el joven que incentivó al hombre que luego se suicidaría.
Chris Hansen, por su parte, capitalizó su éxito y las redes sociales para continuar con un formato similar en YouTube bajo el nombre Takedown. El ciclo volvió a generar polémica tras intervenir en un caso que involucraba a un joven de apenas 18 años, quien creía interactuar con una chica de 15 y cuya vida quedó marcada cuando el programa lo expuso públicamente como abusador.
Si algo tengo para criticarle a Depredadores es que el director Osit, en su obsesión por encontrar respuestas —a partir de un programa que vio siendo muy joven— sobre la verdadera razón por la cual un adulto abusa de un menor, se olvida de profundizar en una problemática mucho más abarcativa que el show de Chris Hansen. Y, como si se tratara de una paradoja, termina metiéndose con uno de los principales espacios que históricamente han albergado redes de pedofilia: la televisión y el cine.

Conclusión
Depredadores es un documental difícil de ver por dos motivos. Todo empieza con la crudeza de la temática, especialmente cuando se escuchan las conversaciones telefónicas que los abusadores mantenían con los supuestos niños. En segundo término, por la incómoda dualidad que propone al espectador: la de celebrar la captura de criminales aberrantes y, al mismo tiempo, cuestionar los límites éticos de un sistema que convierte la justicia en entretenimiento. En ese territorio ambiguo y perturbador es donde el film encuentra su mayor potencia y su debate más necesario.
De visión obligatoria.
Disponible: Paramount+
