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La virgen de la tosquera: terror latinoamericano, adolescencia y crisis social

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La virgen de la tosquera

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. La Virgen de la Tosquera, largometraje de terror sobrenatural de 2025, dirigido por Laura Casabé y escrito por Benjamín Naishtat. La película toma como punto de partida los relatos “El carrito” y “La virgen de la tosquera”, de la escritora Mariana Enríquez, pertenecientes al libro de cuentos “Los peligros de fumar en la cama”. El proyecto se desarrolló como una coproducción internacional entre Argentina, México y España, y se inscribe dentro de una tradición de horror latinoamericano atravesado por lo inquietante y lo social. Con fotografía de Diego Tenorio, música de Pedro Onetto, edición de Ana Remón. Filmada en Mendoza, Argentina.

Por Daniel López Pacha

Reparto

Dolores Oliverio (Natalia), Agustín Sosa (Diego), Isabel Bracamonte (Josefina), Candela Flores (Mariela), Luisa Merelas (Rita), Fernanda Echevarría (Silvia).

Sinopsis

Situada en el convulsionado año 2001, en plena crisis económica y social en la Argentina, la historia se centra en Natalia, Mariela y Josefina, tres adolescentes unidas por la amistad y atravesadas por el deseo hacia el mismo joven: Diego. El equilibrio entre ellas se quiebra cuando él se vincula sentimentalmente con Silvia, una mujer mayor y de carácter decidido. Movida por los celos y la frustración, Natalia recurre a la ayuda de su abuela Rita para ejecutar un ritual que busca alterar el destino de la pareja, desatando consecuencias inesperadas.

La película de Laura Casabé que redefine el horror local

La virgen de la tosquera, presentada en la Competencia Internacional de Sundance 2025, consolida a Laura Casabé como una de las miradas más singulares y potentes del cine de terror latinoamericano contemporáneo. La directora vuelve a demostrar su habilidad para explorar lo inquietante desde lo íntimo, construyendo un universo donde el miedo no surge de lo explícito, sino de lo que late bajo la superficie.

Inspirada libremente en dos relatos de Mariana Enríquez, la película se distancia de la adaptación literal para encontrar una voz propia. Casabé articula una narración que aborda el deseo frustrado como una fuerza corrosiva, capaz de deformar vínculos y alterar el equilibrio emocional, sin perder de vista el contexto histórico y social que la rodea.

El film se sitúa en el verano argentino de 2001, un período marcado por el desgaste económico y el malestar colectivo. En ese paisaje áspero y caluroso, la cotidianeidad se impregna de una tensión constante que funciona como antesala del horror, integrando lo político y lo emocional con notable sutileza.

Natalia, una adolescente que vive con su abuela en un barrio periférico del conurbano bonaerense, transita sus días entre paseos errantes, cibercafés y charlas con amigas. Junto a Mariela y Josefina, comparte la fascinación por Diego, un muchacho reservado que encarna el objeto de un deseo compartido y silencioso.

Cine de terror argentino con mirada social

La virgen de la tosquera

La dinámica adolescente se ve alterada con la llegada de Silvia, una mujer mayor que irradia seguridad y experiencia. Su presencia introduce un contraste evidente entre mundos: la promesa de una vida distinta, ligada a la música, los viajes y la ciudad. Todo frente a un entorno marcado por la precariedad y el encierro emocional.

Casabé construye un relato donde el realismo social convive de forma orgánica con elementos fantásticos. La pobreza material, el calor sofocante y los espacios abandonados no solo contextualizan la historia, sino que potencian el clima opresivo que envuelve a los personajes.

El guion de Benjamín Naishtat avanza con una cadencia pausada y envolvente. Lo cotidiano se transforma gradualmente en algo inquietante, sin golpes de efecto, apostando a una progresión narrativa que refuerza la sensación de amenaza latente y de destino inevitable.

La figura de la virgen que da título a la película funciona como un símbolo múltiple: eco de creencias populares, manifestación del miedo colectivo y presencia ambigua que se filtra en los márgenes de lo real, ampliando el alcance del relato más allá de lo estrictamente sobrenatural.

Personajes femeninos y deseo como motor narrativo

La virgen de la tosquera

Uno de los grandes aciertos del film es su aproximación al despertar sexual adolescente, presentado como un territorio complejo, atravesado por impulsos contradictorios. Natalia no es retratada desde la victimización, sino desde una ambigüedad que la vuelve profundamente humana y perturbadora a la vez.

El terror que propone Casabé es íntimo y emocional. No hay monstruos evidentes ni sustos convencionales, sino una amenaza que se construye a partir de emociones mal procesadas: celos, frustración, resentimiento y una necesidad desesperada de ser vista.

El universo de la protagonista se completa con elementos cargados de simbolismo: rituales heredados, espacios degradados y figuras marginales que amplifican la sensación de descomposición moral. Todo confluye en la tosquera, un lago abandonado que funciona como refugio, altar y punto de quiebre.

Este espacio, cargado de historia y abandono, se convierte en el escenario donde lo reprimido encuentra salida. Allí, el deseo deja de ser una emoción silenciosa para transformarse en una fuerza capaz de alterar el orden establecido.

Fotografía, actuaciones y construcción atmosférica

La virgen de la tosquera

La fotografía de Diego Tenorio es clave en la construcción sensorial del film. El calor, el polvo y el sudor adquieren una presencia física que refuerza el malestar constante. Los encuadres abiertos y la paleta apagada delinean un mundo donde la quietud siempre parece a punto de romperse.

La música de Pedro Onetto acompaña con inteligencia, evitando subrayados obvios y apostando por una sonoridad que potencia la incomodidad y el extrañamiento. El diseño sonoro se integra al relato como un elemento narrativo más.

El elenco ofrece interpretaciones precisas y contenidas. La protagonista sostiene la película con una presencia hipnótica, mientras que Silvia aporta un contrapunto luminoso que complejiza el conflicto. Las amigas de Natalia refuerzan el clima inquietante, y la abuela Rita introduce una dimensión doméstica tan cálida como inquietante.

Cada actuación contribuye a un conjunto sólido, donde nada parece fuera de lugar. La coherencia estética y narrativa se mantiene incluso en los pasajes más simbólicos, reafirmando la identidad autoral del proyecto. En el plano técnico, sobresale el uso de efectos prácticos y el maquillaje, desarrollados por integrantes del mismo equipo creativo que intervino en «Cuando acecha la maldad», aportando un acabado visual sólido y perturbador.

Conclusión

La virgen de la tosquera se consolida como una propuesta relevante y personal dentro del cine de género argentino. Laura Casabé logra articular terror, comentario social y retrato adolescente sin recurrir a fórmulas previsibles, apostando por una puesta en escena sensible y perturbadora.

En un contexto de crisis colectiva y emociones desbordadas, la película convierte el deseo en una fuerza narrativa central. Y lo hace confirmando a su directora como una de las voces más estimulantes del cine latinoamericano actual.

Disponible: En cines

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