Harpía: Acecho maligno | Entre la paranoia materna y el horror psicológico
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Hay historias que, con el paso del tiempo, se han empezado a repetir dentro de la industria cinematográfica, al punto de que la fórmula de “madre con hijo primerizo que comienza a percibir una fuerza maligna que quiere apoderarse de su primogénito” ya la hemos visto en varios filmes. Desde The Babadook (2014), de Jennifer Kent, pasando por Baby Ruby (2022), de Bess Wohl, y terminando con la reciente Harpía: Acecho maligno (The Beldham, 2024), debut en la dirección de largometrajes de Angela Gulner.
Por César Arturo Humberto Heil
El filme se inscribe en la línea mencionada y cuenta la historia de Harper (Katie Parker), quien, luego de haber estado internada por un accidente nunca especificado, llega junto a su hija recién nacida, Christine, a la nueva casa que su madre Sadie (Patricia Heaton) y su padrastro Frank (Corbin Bernsen) acaban de comprar en las afueras de la ciudad.
Una vez instalada, Harper comienza a percibir una extraña fuerza oscura que quiere apoderarse de su hija recién nacida y que parece estar relacionada con “The Beldham”, término arcaico que originalmente se atribuía a una anciana o abuela y que, con el tiempo, se convirtió en una expresión utilizada para describir a una anciana desagradable o una bruja dentro del folclore y la literatura, a menudo asociada con la magia oscura. Aquí, la figura es representada como una criatura a medio camino entre un pájaro y un ser humano.
Un relato fragmentado y lleno de sospechas
La relación entre madre e hija es tensa desde el inicio. Sadie no aprueba la forma en que Harper está criando a Christine y eso motiva algunas discusiones que, al principio, parecen un poco exageradas, pero que, con el correr del metraje, empiezan a revelar que hay algo más detrás de esos conflictos. Es en ese punto donde el filme comienza a dejar entrever que quizá todo el tema de la bruja o la harpía sea producto de la imaginación de Harper, quien podría padecer serios problemas mentales.
La mayor parte de la historia se desarrolla desde el punto de vista de Harper, y la directora Gulner utiliza este recurso para generar suspenso y horror, aunque sin conseguirlo del todo. Cuando la protagonista comienza a experimentar eventos extraños que le dificultan distinguir qué está sucediendo realmente y qué pertenece a su imaginación, las cosas empiezan a enredarse en una trama cargada de información dispersa: la aparición de los cuervos, un viejo diario que relata experiencias extrañas del propietario anterior y las visiones de esta harpía dentro de la casa.
Este “cóctel” crea una creciente sensación de inquietud sin llegar a asustar o perturbar realmente, aunque sí insinúa de manera sutil el giro final de la historia.
Cuando todo parecía entrar en un terreno pantanoso, el desenlace logra que muchas piezas adquieran sentido y lo que creíamos un relato de horror sobrenatural termina transformándose en una historia sobre vínculos familiares, traumas heredados y culpas enquistadas.
Una idea conocida con escasa renovación

Harpía: Acecho maligno intenta ofrecer una visión alegórica sobre la maternidad y los traumas no resueltos, pero solo consigue caer en una serie de lugares comunes ya vistos en numerosos filmes del género. Si bien el giro final aporta cierta resignificación a lo narrado y las actuaciones cumplen correctamente, la película nunca termina de construir una identidad propia ni de generar un verdadero impacto emocional o terrorífico.
En definitiva, el filme no aporta nada nuevo al género y se siente como una suma de elementos ya explorados en otras producciones mucho más sólidas. Aun así, puede resultar una experiencia aceptable para quienes disfrutan de los relatos de horror psicológico centrados en la paranoia y las relaciones familiares disfuncionales.
Conclusión
Aunque Harpía: Acecho maligno intenta combinar horror sobrenatural, drama psicológico y aspectos alegóricos sobre la maternidad, el resultado termina siendo irregular. Angela Gulner demuestra cierta habilidad para construir atmósferas inquietantes y sostener la ambigüedad sobre el estado mental de su protagonista, pero el filme nunca logra despegar del todo ni encontrar una voz propia dentro de un subgénero demasiado transitado.

Su desenlace aporta algo de sentido a la acumulación de pistas y conflictos familiares, aunque llega demasiado tarde para revertir la sensación de estar ante una historia conocida y predecible. Una película correcta, con algunas buenas intenciones, pero lejos de convertirse en una propuesta memorable dentro del terror contemporáneo
Disponible: HBO Max
