Muerte en LaRoy, Texas: Crimen, humor negro y un exceso de absurdo
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Bienvenidxs a una nueva critica de Revista Sincericidio. Desde su premisa, Muerte en LaRoy, Texas (LaRoy, Texas, 2023) deja claras sus intenciones. Ray (John Magaro), un hombre común, queda devastado cuando Skip (Steve Zahn), un detective privado, le revela que su esposa, Stacy-Lynn (Megan Stevenson), le es infiel con su hermano Junior (Matthew Del Negro), quien además es su socio en la empresa. El problema es que Ray es un pusilánime: no se anima a enfrentar ni a su esposa —a quien, pese a conocer su infidelidad, quiere ayudar económicamente con un emprendimiento personal—, ni a su hermano, que además le roba dinero de la empresa. Esa necesidad de dinero lo llevará a verse envuelto por error en una trama criminal, al ser confundido con Harry (Dylan Baker), un asesino a sueldo.
Por César Arturo Humberto Heil
A partir de allí, el director y guionista Shane Atkinson construye una comedia negra que combina crimen, mala suerte y situaciones cada vez más disparatadas, en una propuesta que remite inevitablemente al universo de los hermanos Coen.
La sombra de los Coen
La influencia de los Coen atraviesa toda la película. Está presente en los personajes excéntricos, los malentendidos que desencadenan una reacción en cadena y el retrato de individuos comunes atrapados en situaciones criminales que los superan por completo. Sin embargo, mientras las mejores obras de los Coen suelen encontrar un delicado equilibrio entre humor, tragedia y reflexión existencial, Muerte en LaRoy, Texas se inclina casi siempre hacia la farsa.
El principal problema es que la historia termina enredándose en una acumulación de coincidencias, engaños y subtramas que a menudo complican innecesariamente el relato. Lo que comienza como una situación atractiva y prometedora deriva en una cadena de acontecimientos cada vez más improbables, que terminan erosionando la credibilidad interna de la película. El absurdo es parte esencial de la propuesta; pero, en más de una ocasión, parece imponerse sobre la lógica narrativa.
Un reparto que sostiene la historia
Aun así, la película encuentra varios puntos de apoyo en su reparto. John Magaro construye un protagonista vulnerable y desorientado, mientras que Steve Zahn aporta buena parte de los momentos más entretenidos con su detective privado, tan obstinado como incompetente. La química entre ambos sostiene gran parte del interés cuando la trama comienza a dispersarse, especialmente en las situaciones de humor negro.
También hay que destacar la actuación de Dylan Baker como Harry, el asesino a sueldo que quiere recuperar el dinero que recibió Ray por error. Su actuación es perfecta, siempre con una sonrisa socarrona y el arma dispuesta a terminar lo que empezó.
Megan Stevenson, por su parte, también está muy bien en el papel de Stacy-Lynn. Aunque el personaje podría haber quedado reducido a la función de desencadenar el conflicto inicial, la actriz le aporta suficiente carisma y ambigüedad como para convertirla en una presencia importante dentro de la historia. Su interpretación ayuda a que Stacy-Lynn no sea simplemente una figura antipática, sino alguien cuyas decisiones exponen las inseguridades, frustraciones y contradicciones de Ray.
Un neo-noir en clave de comedia

En lo visual, Atkinson aprovecha con inteligencia los escenarios rurales de Texas para construir una atmósfera marcada por el desencanto y la sensación de que algo puede salir mal en cualquier momento. La fotografía de Mingjue Hu convierte espacios corrientes, como rutas secundarias, moteles, bares y negocios de pueblo, en escenarios que transmiten incomodidad y una amenaza latente.
La película adopta varios rasgos característicos del cine negro contemporáneo. Las secuencias nocturnas, los colores artificiales y los entornos semivacíos refuerzan una estética que evoca a clásicos modernos del género como Blood Simple o Fargo, aunque sin limitarse a reproducirlos.
Lo interesante es que esa apariencia sombría convive constantemente con situaciones ridículas y personajes que parecen incapaces de tomar una decisión acertada. Atkinson aprovecha ese contraste para generar buena parte del humor de la película, convirtiendo cada nuevo problema en una oportunidad para que la historia se vuelva todavía más disparatada.

El resultado es una obra con una identidad visual muy definida y un claro afecto por las comedias criminales de humor negro. Aunque nunca alcanza la precisión de los modelos que la inspiran, la puesta en escena aporta personalidad y contribuye a mantener el interés incluso cuando la acumulación de enredos termina sobrecargando la trama.
Cuando el humor se vuelve sangriento
Aunque durante buena parte de su metraje Muerte en LaRoy, Texas se apoya en los equívocos y el humor negro, la película comienza a oscurecerse progresivamente a partir de la mitad. Sin abandonar por completo su costado cómico, la historia incorpora una dosis cada vez mayor de violencia y transforma varias de sus situaciones más absurdas en episodios con consecuencias trágicas. Lo que inicialmente parecía una comedia criminal de enredos termina convirtiéndose en un relato mucho más sangriento de lo que hacía prever su planteamiento inicial.
La acumulación de cadáveres, los enfrentamientos armados y la creciente desesperación de Ray van desplazando poco a poco el tono ligero de los primeros actos. Sin abandonar nunca el humor negro, la película se vuelve progresivamente más oscura y violenta. Lo que comienza como una comedia criminal apoyada en los malentendidos termina adquiriendo una dimensión mucho más tensa y sangrienta. Ese contraste entre el humor absurdo que domina buena parte del relato y la crudeza de su tramo final aporta intensidad a la historia y demuestra que Atkinson no teme llevar a sus personajes hacia consecuencias cada vez más extremas.
Conclusión

Muerte en LaRoy, Texas es una ópera prima simpática y, por momentos, muy divertida, que confirma el talento de Shane Atkinson para el humor negro y la construcción de personajes. Aunque la acumulación de coincidencias y subtramas termina sobrecargando el relato, la película logra sostener el interés gracias a su reparto, su cuidada atmósfera neo-noir y una combinación eficaz de comedia y crimen.
Sin alcanzar la precisión narrativa de sus principales referentes, Atkinson demuestra personalidad y buen pulso para mezclar humor, violencia y tensión. El resultado es una película entretenida, con identidad propia, que deja la sensación de que su director tiene aún más potencial por desarrollar en futuros proyectos.
Disponible: HBO Max
