La vecina perfecta: Cuando la tragedia se disfraza de normalidad
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Hace unas semanas se estrenó en Netflix el documental La vecina perfecta (The Perfect Neighbor 2025), dirigido por Geeta Gandbhir, y debo admitir que me ha sorprendido gratamente.
Por César Arturo Humberto Heil
En una nota reciente mencioné que no soy fan del estilo o subgénero found footage, por considerarlo poco compatible con los principios que dieron origen al lenguaje cinematográfico y a la narrativa clásica. El principal problema es que, la mayoría de las veces —especialmente en los filmes de terror, donde más se utiliza—, la relación entre cámara y camarógrafo se diluye, y el espectador termina perdido en una maraña de movimientos espasmódicos sin entender cómo se llegó a ese encuadre final.
Salvo El proyecto de la bruja Blair (1999), de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, que logró en su momento un gran impacto por lo novedoso del formato, el resto jamás alcanzó el mismo efecto. Sin embargo, La vecina perfecta consigue revertir esa percepción al utilizar los registros reales de cámaras policiales con una precisión narrativa y emocional que transforma la estética del found footage en un instrumento de verdad y tensión, sin artificios ni concesiones.
Un registro de lo inevitable
La vecina perfecta es un documental íntegramente construido a partir de cámaras policiales. Con un estilo cercano al found footage, reconstruye con precisión y tensión un caso de violencia entre vecinas que terminó en tragedia cuando Susan Lorincz mató de un disparo a África Owens, luego de una escalada de varios meses marcada por reiterados llamados al 911 debido a conflictos con los hijos de Owens, que jugaban frente a la propiedad de Lorincz.
La directora Gandbhir construye un suspenso sostenido a partir de cada registro de las body cams de los agentes que acudían ante las llamadas. Esa sucesión de fragmentos crea una cronología minuciosa y desgarradora de los hechos, y revela cómo las autoridades minimizaron una serie de incidentes que pudieron haberse detenido a tiempo. El documental deja en claro que no solo África Owens fue víctima de esta violencia, sino también sus hijos, testigos y herederos de un trauma que el sistema no supo cómo evitar.
El filme no utiliza ningún otro material que no sea el registro policial, salvo algunos planos aislados del vecindario, que funcionan como breves pausas visuales o acompañamiento de audios sin imagen. Ese minimalismo narrativo potencia la sensación de realismo y tensión constante.

Una mirada sin concesiones
A medida que avanza, el espectador intuye que el desenlace será fatal. La vecina perfecta se transforma entonces en una crónica de una muerte anunciada, pero también en una denuncia sobre los prejuicios raciales que atraviesan la vida cotidiana en Estados Unidos. Susan Lorincz es blanca; África Owens, negra. Sin embargo, Gandbhir evita caer en el panfleto y deja que los hechos hablen por sí solos, exponiendo la estructura de desigualdad que subyace a la tragedia.
El trabajo de edición de Viridiana Lieberman es una verdadera proeza. Su montaje combina con precisión las distintas perspectivas: las body cams de los agentes, las cámaras de seguridad de la comisaría, las imágenes de archivo y las filmaciones del funeral de Owens. Todo fluye con claridad narrativa, sin perder nunca el eje y manteniendo una coherencia emocional que amplifica la potencia del relato.
La violencia cotidiana como espejo social
Lo más inquietante de La vecina perfecta es que no se trata de un caso aislado. En los últimos años, las sociedades parecen haber naturalizado una violencia que se infiltra en lo doméstico y en lo cotidiano. Disputas por un ruido, una mascota o un lugar de estacionamiento se convierten en detonantes de tragedias irreparables. La intolerancia y la desconfianza entre vecinos funcionan como un espejo deformante de un mundo cada vez más fragmentado, donde la empatía se erosiona y el miedo reemplaza al diálogo.

Conclusión
La vecina perfecta mantiene al espectador atrapado desde los primeros minutos hasta el desenlace. Es una historia sobre el miedo, la intolerancia y la fragilidad del tejido social cuando la convivencia se quiebra. Una muerte evitable, una tragedia colectiva y un espejo incómodo de una sociedad que aún no logra escuchar los gritos que vienen del otro lado de la puerta. Sin dudas, uno de los documentales más contundentes y necesarios del año.
Disponible: Netflix
