She Rides Shotgun: Padre e hija contra el Dios de Slabtown
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Las películas de adultos protegiendo a niños son una trama que ya hemos visto en el cine en muchas oportunidades. Por solo dar algunos ejemplos podemos citar El perfecto asesino (León, 1994) de Luc Besson, Misión: Seguridad máxima (Mercury Rising, 1998) de Harold Becker y Hombre en llamas (Man on Fire, 2004) de Tony Scott. En She Rides Shotgun (Asiento Mortal 2025), segundo largometraje del director Nick Rowland, la dinámica es similar, pero con la diferencia de que quien debe proteger a una niña no es un asesino a sueldo, un agente de la CIA o un guardaespaldas, sino su propio padre. El filme está basado en la novela de Jordan Harper y escrito por el propio director junto a Ben Collins, Jordan Harper y Luke Piotrowski.
Por César Arturo Humberto Heil
Nathan McClusky (Taron Egerton) es un hombre vinculado a bandas criminales que acaba de obtener su libertad. Su paso por el hampa ha dejado deudas que deben cobrarse con sangre y fuego. Por eso, cuando su exesposa y su nueva pareja son asesinados, a Nathan no le queda otra que buscar a su hija Polly (Ana Sophia Heger) en la escuela y escapar con ella antes de que sea el próximo blanco.
A partir de este atrapante inicio, She Rides Shotgun se desarrolla como una road movie vertiginosa, en la que la vida de Nathan y Polly se verá constantemente al límite. No solo porque deben huir de los sicarios que quieren matar a Polly, sino también porque ambos deben reconstruir una relación rota y casi inexistente, aprendiendo a confiar si quieren sobrevivir.
El problema es que Polly duda de su padre, a quien apenas conoce y con el que casi no ha convivido. Incluso le teme y llega a creer que fue él quien mató a su madre y a su padrastro. A esto se suma que la policía los está buscando y acusa a Nathan de asesinar a su exesposa y secuestrar a su hija, lo que incrementa la confusión y el desconcierto de la niña.
Nathan sabe que quien controla esa parte de la ciudad es un tal Hauser (John Carroll Lynch), responsable de poner precio a la cabeza de Polly. Hauser es un sheriff corrupto que maneja la droga, domina a las bandas criminales y tiene a buena parte de la policía bajo su mando. Es brutal y despiadado, y todos le temen al punto de llamarlo el Dios de Slabtown.
Carreteras, persecuciones y un vínculo en construcción

Lo que veremos a continuación es una huida en distintos autos robados por Nathan, avanzando por carreteras interestatales, moteles de mala muerte y refugios improvisados como capillas para camioneros o estaciones de servicio, atravesando parajes desolados. En ese recorrido, Nathan y Polly irán reforzando su vínculo mientras sortean a los mafiosos y esquivan a la policía. Polly también aprenderá a manejar armas, golpear con un bate de béisbol y curar heridas de bala.
Nick Rowland demuestra su pulso narrativo especialmente en los momentos en los que la tensión física domina la escena. Las persecuciones en ruta, los enfrentamientos con los criminales y las balaceras le permiten construir un thriller de pura acción, sin artificios ni excesos, muy en la línea de los clásicos del género.
El problema aparece cuando intenta profundizar la relación entre padre e hija. La dualidad del personaje de Polly, que por momentos se muestra genuina y vulnerable y en otros expresa ideas y reflexiones de una persona adulta, genera ciertos desajustes. Aunque estos desbalances del guion son comprensibles, ya que buscan reforzar el giro abrupto en su vida: pasó de ser una niña con una familia estable a enfrentarse de golpe al mundo criminal en su cara más cruda.

A medida que avanza la historia, la sombra del cartel liderado por Hauser se vuelve más aplastante y la necesidad de Nathan de reparar, aunque sea parcialmente, sus fallas del pasado se intensifica. Cuando el relato acelera, She Rides Shotgun encuentra su mejor forma: no reinventa el género, pero se sostiene con firmeza, sin golpes bajos ni efectismos, y permite que Taron Egerton se desprenda de su imagen más canchera. Heger, por su parte, aporta una inestabilidad emocional que, cuando funciona, la convierte en el verdadero corazón del filme y merece ser seguida con atención.
She Rides Shotgun demuestra cómo una película puede ganarse al espectador mediante un guion preciso que acomoda cada pieza con cuidado, construyendo una relación absorbente entre un padre quebrado y una hija que ilumina cada escena. La novela de Jordan Harper llega al cine con una adaptación intensa y sensorial a cargo de Rowland, cuya puesta acompaña y amplifica la fuerza emocional del relato. Es una combinación afinada de decisiones visuales y narrativas que mantiene al público conectado a la historia y, sobre todo, a esa dupla central que sostiene el film.
Conclusión

She Rides Shotgun es un thriller robusto, áspero y emotivo, que encuentra su potencia en la acción bien ejecutada y en el vínculo tenso pero conmovedor entre padre e hija. No revoluciona el género, pero ofrece un viaje sólido, visceral y cargado de humanidad, con dos protagonistas que elevan cada momento que comparten en pantalla.
Disponible: Prime Video
