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El susurro

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El susurro

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. El director uruguayo Gustavo Hernández, reconocido por sus filmes La casa muda (2010), No dormirás (2018) y Virus 32 (2022), regresa con El susurro (2025), una coproducción uruguaya-argentina de terror anclada principalmente en el mundo vampírico, pero con unos giros argumentales en donde el verdadero terror no viene de los chupasangres sino de algo mucho más terrenal y perturbador.

Por César Arturo Humberto Heil

La historia sigue a los hermanos Lucía (Ana Clara Guanco Aguilera) y Adrián (Marcelo Michinaux) que escapan de Víctor (Luciano Cáceres), un padre violento que carga con una maldición ancestral vampírica.

Lucía pretende proteger a Adrián de la influencia de su padre, quien, a través del susurro, una habilidad que le permite meterse en las mentes de las personas busca que despierte su instinto vampiro, ya que de los dos hermanos es el único que ha heredado la maldición.

Para ello, Lucía y Adrián se refugian en una mansión aislada rodeada de un enorme bosque, sin saber que en esa zona hay una serie de desapariciones de personas, las cuales están relacionadas con algo mucho más peligroso y siniestro que la amenaza de su padre por lograr que Adrián acepte lo que realmente es.

El susurro del horror social

La película, que al principio tiene un ritmo algo lento y confuso, se va ordenando a medida que avanza la trama. La tensión alrededor de las situaciones de las desapariciones va creciendo y uno empieza a creer por dónde van las cosas. En este sentido, hay que decir que el guion escrito por el uruguayo Juan Manuel Fodde, más conocido como Juma Fodde, es sumamente inteligente al hacernos creer algo que en realidad no termina siendo.

El filme es un cruce de varios géneros, por un lado, tenemos terror sobrenatural (lo vampírico), thriller criminal (las desapariciones de personas) y por otro el drama familiar (los hermanos que escapan de un padre abusivo)

En este punto se me hace difícil intentar no contar más, ya que lo más interesante está en no saber demasiado.

Lo interesante de El susurro es que el elemento más perturbador no sería la maldición. Y eso abre una lectura interesante: el verdadero monstruo es humano y no aquello que no pertenece a este mundo.  La película se mueve entre el horror fantástico y el horror social.

La herencia familiar

El susurro

La sinopsis insiste en:

  • el padre violento,
  • la maldición heredada,
  • un pasado imposible de abandonar.

Puede leerse como una metáfora de la transmisión intergeneracional de la violencia.

Tecnología y vigilancia

La utilización de una microcámara escondida en un gato es uno de los elementos más originales de la premisa.

Podría analizarse como:

  • mirada voyeur,
  • vigilancia doméstica,
  • registro de lo prohibido.

Temas muy presentes en el cine contemporáneo de terror.

Relación con la obra de Hernández

El director ya había explorado:

  • la percepción subjetiva en La Casa Muda,
  • la fragilidad entre sueño y realidad en No Dormirás.

Por lo que El susurro parece continuar su interés por personajes atrapados en espacios cerrados donde la percepción de la realidad se vuelve inestable.

Esa es una lectura muy potente del final y, sinceramente, creo que es una de las más interesantes que ofrece El susurro.

Porque si uno llega al desenlace pensando en una estructura clásica de terror, espera algo relativamente simple:

víctimas contra monstruos.

Pero la película termina proponiendo algo mucho más ambiguo:

monstruos contra monstruos.

Y ahí aparece una zona moral bastante incómoda.

Lucía ya no es completamente inocente

El susurro

Uno de los motivos por los que el final puede resultar desconcertante es que Lucía no encaja en el arquetipo de la «final girl» tradicional.

Ella viene arrastrando una historia de complicidad con la violencia de su padre.

Aunque sea una víctima, también ha participado de ese universo.

No es una heroína pura.

Eso la vuelve más compleja y también más difícil de clasificar.

Los antagonistas tampoco son iguales

Por otro lado, los miembros de la red criminal representan otra forma de monstruosidad.

La película enfrenta entonces distintas expresiones de violencia:

  • la violencia familiar,
  • la violencia patriarcal,
  • la violencia criminal,
  • la violencia ejercida como espectáculo.

No hay una oposición clara entre el bien y el mal.

Hay distintos grados y formas del mal enfrentándose entre sí.

El regreso del monstruo clásico

El susurro

Y aquí vuelve a aparecer la cuestión del vampiro.

Tradicionalmente, el vampiro era una amenaza externa que irrumpía en una comunidad.

En El susurro, en cambio, la amenaza ya estaba dentro de la comunidad.

La monstruosidad no llega desde afuera.

Ya estaba instalada en la familia, en el entorno social y en las relaciones de poder.

Por eso cuando aparece la confrontación final no sentimos que el orden esté siendo restaurado.

Sentimos que una forma de violencia está chocando contra otra.

La lógica del horror contemporáneo

Esta idea conecta bastante con una tendencia del terror moderno.

Películas como Let the Right One In, Raw o Titane han abandonado la división tajante entre monstruo y víctima.

Los personajes pueden ocupar simultáneamente ambos lugares.

El susurro parece moverse en esa dirección.

¿Quién merece sobrevivir?

El susurro

La pregunta que sobrevuela el final no es:

¿cómo derrotar al monstruo?

Sino:

¿qué hacer cuando todos están contaminados de alguna manera por la violencia?

Esa es una pregunta mucho más incómoda y moderna.

Una posible formulación para tu crítica

Creo que podrías desarrollar algo como esto:

El desenlace de El susurro abandona la clásica confrontación entre víctimas inocentes y fuerzas malignas para plantear un enfrentamiento entre distintas formas de monstruosidad. La violencia familiar, la explotación criminal y la herencia traumática chocan entre sí en un universo donde la inocencia parece haber desaparecido. Más que una batalla entre el bien y el mal, Hernández construye una colisión entre monstruos que comparten un mismo origen: la capacidad humana para ejercer violencia sobre otros.

Y quizás ahí esté una de las mayores virtudes de la película. Aunque su narración sea irregular y por momentos confusa, el final deja una imagen inquietante: los monstruos no son criaturas excepcionales, sino personas moldeadas por sistemas de violencia que terminan reproduciendo aquello mismo de lo que intentaban escapar. Esa ambigüedad moral es probablemente más perturbadora que cualquier elemento sobrenatural que aparezca en la historia.

Victor lo hace para salvarse o para salvar a Ariel?

El susurro

Creo que Victor (el personaje de Luciano Cáceres) puede interpretarse de las dos maneras, pero para mí el film termina inclinándose más hacia salvar a Adrián, aunque lo haga de una forma profundamente egoísta y monstruosa.

Lo interesante es que Hernández evita presentarlo como un villano unidimensional.

Victor es:

  • un padre abusivo,
  • un asesino,
  • un vampiro,
  • pero también un hombre obsesionado con que Adrián herede su condición.

La pregunta es: ¿quiere transmitirle la maldición para perpetuarse él mismo o porque cree que es la única forma de que su hijo sobreviva?

La ambigüedad del padre

Durante gran parte de la película parece que Victor actúa exclusivamente para satisfacer sus propias necesidades. Todo gira alrededor de él, de su hambre y de su supervivencia.

Sin embargo, hacia el final aparece otra posibilidad:

Victor sabe que Adrián ya está marcado por la herencia familiar. El chico no puede escapar completamente de lo que lleva dentro.

El chico no puede escapar completamente de lo que lleva dentro. Respecto a esto último podemos relacionarla con Blood o Son dos pelis de niños vampiros

Sí, y creo que esa comparación puede enriquecer mucho la lectura de El susurro.

Tanto Blood como Son comparten con El susurro una idea que se ha vuelto muy frecuente en el terror contemporáneo: el miedo a la herencia.

No se trata solamente de un niño vampiro o poseído. La verdadera pregunta es:

¿Qué ocurre cuando un padre descubre que su hijo lleva dentro algo que no puede controlar?

El monstruo como herencia

En las tres películas, el horror no proviene únicamente de la criatura o de la maldición.

Proviene de la transmisión.

En Blood, la madre observa cómo su hijo cambia progresivamente y debe decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para protegerlo.

En Son, la protagonista teme que el niño haya heredado una oscuridad vinculada a su propio pasado y a una secta.

Pero en El susurro, Victor parece convencido de que Adrián ya forma parte de una cadena que viene de generaciones anteriores.

Por eso la cuestión central no es «¿hay vampiros?» sino:

¿Puede romperse una herencia maldita?

Del vampiro externo al vampiro familiar

En el cine clásico, el vampiro atacaba desde afuera.

En estas películas, el vampiro está dentro de la familia.

El monstruo ya no invade el hogar.

Nace en él.

Eso cambia completamente la dimensión dramática.

El conflicto deja de ser una cacería de monstruos y se convierte en un drama familiar.

La imposibilidad de escapar

Ahí aparece una idea muy poderosa que también está presente en El susurro:

El niño puede huir del padre.

Puede huir de la casa.

Puede huir de la comunidad.

Pero no puede huir de sí mismo.

Esa es probablemente la mayor tragedia de Adrián.

Y también la razón por la que Victor resulta un personaje tan ambiguo.

Porque uno nunca termina de saber si está intentando condenar al chico o prepararlo para una realidad que considera inevitable.

Una diferencia importante

Sin embargo, veo una diferencia entre estas películas y El susurro.

En Blood y Son el foco está puesto en la mirada de la madre y en la protección del hijo.

En El susurro, el eje está más cerca de Lucía y de la ruptura de los mandatos familiares.

Por eso la pregunta no es solamente qué heredó Adrián, sino también qué hará Lucía frente a esa herencia.

Una línea crítica interesante

Podrías plantear algo así:

Como en Blood y Son, el verdadero horror de El susurro no reside en el vampirismo sino en la herencia. Adrián pertenece a una larga tradición de niños marcados por una condición que los precede, pero Hernández desplaza el conflicto hacia la familia y los mandatos transmitidos entre generaciones. El susurro sugiere que el monstruo más difícil de derrotar no es el que habita el cuerpo, sino el que se transmite como legado.

Esa conexión además refuerza tu lectura anterior sobre la violencia machista y los mandatos familiares: el vampirismo deja de ser una cuestión biológica para convertirse en una metáfora de aquello que los padres transmiten a sus hijos, quieran o no.

Disponible: HBO Max

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