Revista de Cine – Revista Sincericidio

Revista de cine, y entretenimiento. – Noticias de cine, entrevistas del mundo del cine y VOD, festivales de Cine, estrenos.

Americana: Un western sobre un mundo que ya no existe

6 minutos de lectura
Americana

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. A primera vista, Americana (2023), debut como director de largometraje de Tony Tost, parece inscribirse en la tradición del neo-western criminal contemporáneo: la Ghost Shirt, una reliquia sagrada de los Lakota es robada por Dillon (Eric Dane) y Fun Dave (Joe Adler) por encargo del coleccionista Roy Lee Dean (Simon Rex). Sin embargo, cuando descubren que la prenda vale mucho más de lo que les prometieron, la situación comienza a descontrolarse.

Por César Arturo Humberto Heil

La codiciada camisa terminará cruzando los caminos de Penny Jo (Sydney Sweeney), una camarera tartamuda que sueña con triunfar como cantante de country; Lefty Ledbetter (Paul Walter Hauser), un vaquero solitario que todavía cree en el amor; Mandy Starr (Halsey), una mujer marcada por un pasado del que parece intentar escapar desesperadamente; Cal (Gavin Maddox Bergman), un niño convencido de ser la reencarnación de Toro Sentado; y Ghost Eye (Zahn McClarnon), líder contemporáneo de los Lakota y decidido a recuperar una pieza fundamental de su historia.

Sin embargo, cuanto más avanza la película, más evidente resulta que Tost está interesado en algo distinto. La Ghost Shirt funciona menos como un simple MacGuffin que como el símbolo de una América desaparecida cuyos restos sobreviven convertidos en mercancía, mito o memoria. Mientras algunos personajes ven en ella una oportunidad económica, otros encuentran algo mucho más profundo: identidad, pertenencia o incluso redención.

Entre los Coen, Jarmusch y Eastwood

Muchas críticas han señalado la influencia de Quentin Tarantino, especialmente por la estructura fragmentada y los estallidos de violencia. Sin embargo, la película me remitió mucho más a una combinación entre los hermanos Coen, Jim Jarmusch y Clint Eastwood.

De los Coen toma la arquitectura narrativa: personajes marginales, delincuentes torpes, encuentros fortuitos y una cadena de acontecimientos donde el azar parece gobernar el destino de todos. Como en Fargo (1996) o No Country for Old Men (2007), nadie parece controlar realmente la situación.

De Jarmusch recoge una sensibilidad particular hacia los desplazados. Hay algo profundamente melancólico en la forma de observar a estos personajes perdidos en los márgenes de Estados Unidos. No es casual que Ghost Eye sea presentado incluso como admirador del propio Jarmusch y mencione Ghost Dog: El camino del samurái (1999), una referencia que funciona casi como una declaración estética de la película.

Y de Eastwood, especialmente de Los imperdonables, toma la mirada crepuscular sobre el western. Este no es un Oeste heroico sino uno agotado, habitado por gente común que intenta sobrevivir entre las ruinas de un mito nacional que ya nadie parece comprender del todo.

Una violencia extrañamente distante

Americana

Uno de los aspectos más interesantes de Americana es su tratamiento de la violencia. Aunque el relato desemboca repetidamente en enfrentamientos y muertes, Tost evita la espectacularidad. No hay aquí ballets sangrientos a lo Sam Peckinpah ni la exuberancia lúdica de Tarantino. Por el contrario, cada explosión violenta parece filmada con una cierta sequedad y distancia emocional. Incluso la música contribuye a esa sensación de extrañeza: en lugar de acelerar el pulso del espectador, parece venir de otra película, generando un efecto de desconcierto que vuelve más incómodas las escenas de violencia. Es una decisión que refuerza la dimensión melancólica del film y lo aleja del thriller convencional.

Aquí es donde se puede ver la influencia de Jim Jarmusch, especialmente si tomamos como referencia el filme Dead Man (1995); allí la violencia se siente extraña, desubicada, incluso absurda.

En Americana, Tost hace algo similar: no genera adrenalina sino incomodidad. Cuando alguien muere, la película no necesariamente acelera; a veces parece detenerse para observar las consecuencias. Americana tiene algo de eso: los tiroteos y asesinatos aparecen integrados dentro de un universo donde los personajes siguen siendo más importantes que la acción misma. El resultado produce un efecto similar: la violencia no es una descarga catártica sino una anomalía que revela el desconcierto moral de sus personajes.

Tony Tost declaró que una referencia importante para el tono era The Sugarland Express (1974) de Steven Spielberg y que incluso pidió a su compositor David Fleming que tomara elementos de esa película como inspiración.

Por eso la banda sonora no busca la épica del western clásico ni la explosión emocional del cine de acción contemporáneo. A menudo parece desplazada respecto de lo que vemos. Esa «rareza» musical refuerza la idea de que estamos viendo un Oeste desmitificado y ligeramente absurdo.

Los personajes que sostienen la película

Americana

Si bien Sydney Sweeney aporta ternura y vulnerabilidad a Penny Jo, nunca terminé de conectar completamente con el personaje. Su sueño de abandonar el pueblo rumbo a Nashville y triunfar como cantante country funciona más como un arquetipo del imaginario estadounidense que como una persona plenamente desarrollada. La tartamudez añade una singularidad interesante, pero el guion rara vez profundiza en ella. Todo esto hace que su decisión de involucrarse junto con Lefty en la búsqueda de la Ghost Shirt se sienta algo incoherente.

Mucho más logrados resultan Lefty Ledbetter y Mandy Starr. Lefty aporta el corazón emocional de la historia. Es un hombre ingenuo, vulnerable y profundamente humano. En una película dominada por la codicia o la desesperación, es uno de los pocos personajes que todavía anda en busca de afecto y compañía.

Mandy, por su parte, introduce una dimensión más oscura y perturbadora. Marcada por un pasado ligado a una comunidad religiosa opresiva, atraviesa la película en permanente estado de fuga. Nunca parece perseguir realmente el dinero de la Ghost Shirt; la toma porque representa una posibilidad de escape. Más que un plan, tiene una herida. Me recordó mucho al personaje de Montserrat joven en la serie La Mesías (2023) de los Javis.

Sin embargo, el personaje más fascinante es Cal, el niño convencido de ser la reencarnación de Toro Sentado. Lo que inicialmente parece un detalle excéntrico termina adquiriendo una enorme importancia temática. Mientras todos los adultos ven la Ghost Shirt como una mercancía o una oportunidad, Cal es el único personaje que la contempla desde una dimensión espiritual y simbólica.

No es menor que la película comience y termine con él. Ese detalle modifica completamente la lectura del relato. Lo que parecía una historia criminal coral termina revelándose como una historia sobre la búsqueda de identidad.

Cuando al final abandona la vincha ceremonial que compró en una tienda indígena y regresa junto a su madre Mandy, no estamos asistiendo a la resolución de una intriga sino a una transformación personal. Cal comprende que no puede vivir dentro de la fantasía del viejo Oeste. Debe regresar al mundo real, por imperfecto que sea.

Un western sin grandes horizontes

Americana

Otro aspecto llamativo es que, pese a reunir casi todos los elementos clásicos del western (indígenas, flechas, forajidos, reliquias sagradas y persecuciones), la película evita los paisajes monumentales del género. Tost parece más interesado en las cafeterías de carretera y los pueblos olvidados que en las grandes postales naturales del Oeste. Su mirada se acerca más a la América rural contemporánea que a la iconografía clásica de John Ford o Sergio Leone. El resultado es un western donde la frontera ya no existe y donde los mitos sobreviven únicamente como objetos perdidos, recuerdos fragmentarios o fantasías infantiles.

Conclusión

Americana no siempre encuentra el equilibrio entre sus múltiples personajes y algunas de sus influencias resultan demasiado visibles. Sin embargo, posee algo cada vez más raro: una auténtica sensibilidad por sus criaturas y una mirada melancólica sobre la identidad estadounidense.

Más que una película sobre quién se queda con una reliquia indígena, Americana es una reflexión sobre qué queda del viejo Oeste cuando la leyenda ha sido reemplazada por carreteras, remolques y mercados negros. Es en esa extraña mezcla entre Jarmusch, los Coen y Eastwood donde la película encuentra su voz más personal. No en la violencia, ni en el crimen, sino en los fantasmas que todavía recorren el Oeste americano.

Disponible: HBO Max

Más historias

Blodsoffer 4 minutos de lectura
La noche del demonio: están entre nosotros 2 minutos de lectura
Las ovejas detectives 5 minutos de lectura

Puede que te hayas perdido